Expertos explican qué quiso decir Trump con el llamado “petróleo explosivo”
Las recientes declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre un supuesto riesgo de “explosión” en los pozos petroleros de Irán provocaron confusión y debate entre analistas energéticos y expertos internacionales.
Durante varias entrevistas y apariciones públicas, Trump aseguró que si Irán se ve obligado a detener el flujo de petróleo debido al bloqueo marítimo y las sanciones, su infraestructura petrolera podría sufrir daños irreversibles e incluso “explotar” bajo tierra.
Las afirmaciones surgieron en medio de la creciente tensión entre Estados Unidos e Irán, especialmente tras las restricciones en el estrecho de Ormuz, una de las rutas petroleras más importantes del mundo. Según Trump, la imposibilidad de exportar crudo estaría generando una acumulación de presión dentro de los pozos petroleros iraníes.
Aunque especialistas señalan que Trump exageró varios aspectos técnicos, explican que sí existe una base real detrás de sus comentarios. Cuando un pozo petrolero deja de operar repentinamente, pueden producirse desequilibrios de presión subterránea capaces de afectar la estructura del yacimiento.
Expertos del sector energético detallan que cerrar un pozo no es tan simple como “apagar una máquina”. Durante largos periodos de inactividad, pueden aparecer filtraciones de agua, acumulación de sedimentos, corrosión de equipos y daños en tuberías o revestimientos internos.
En casos extremos y poco frecuentes, estos problemas podrían provocar accidentes o explosiones mecánicas. Sin embargo, analistas internacionales consideran muy improbable que la industria petrolera iraní enfrente un colapso catastrófico como el descrito por Trump.
La situación se agravó luego de que el bloqueo estadounidense afectara el tránsito de petroleros extranjeros, obligando a varios productores de Medio Oriente, incluido Irán, a reducir temporalmente la extracción de crudo ante la falta de espacio de almacenamiento.
Aun así, expertos recuerdan que la industria petrolera ya enfrentó escenarios similares durante la pandemia de COVID-19, cuando el exceso de petróleo y la caída de la demanda mundial obligaron al cierre temporal de numerosos pozos sin generar daños irreversibles.
Especialistas de la Universidad de Columbia y analistas energéticos internacionales coinciden en que Irán posee experiencia suficiente para gestionar cierres y reactivaciones de producción de forma controlada.
Sin embargo, advierten que reiniciar la extracción después de una paralización prolongada también representa un proceso delicado. La presión subterránea debe estabilizarse lentamente para evitar derrumbes, fugas o daños estructurales en los yacimientos.
Mientras continúan las tensiones geopolíticas en Medio Oriente, las declaraciones de Trump volvieron a colocar el foco mundial sobre el impacto que un conflicto prolongado podría tener en la producción energética global y en el precio internacional del petróleo.


