Tragedia aérea en India revive dudas sobre el avión que Boeing vendió como el más seguro del mundo
El vuelo 171 de Air India apenas alcanzó a despegar. Treinta segundos después, se estrelló en las afueras de Ahmedabad dejando un saldo devastador: más de 270 personas fallecidas. La aeronave protagonista de esta tragedia no era cualquier modelo: se trataba del Boeing 787 Dreamliner, un avión que durante más de una década fue presentado como el símbolo de la innovación y la seguridad en la aviación comercial.
Y sin embargo, el accidente ha puesto nuevamente bajo la lupa a una compañía que en los últimos años ha enfrentado crecientes cuestionamientos por sus decisiones técnicas, su cultura interna y sus prioridades corporativas.
Un avión revolucionario… y problemático
El 787 nació como respuesta a un mercado que demandaba eficiencia. A principios de los años 2000, Boeing abandonó su proyecto de un avión supersónico (el “Sonic Cruiser”) para centrarse en el desarrollo de un modelo más liviano, silencioso y eficiente en el consumo de combustible.
De ese giro nació el Dreamliner: el primer avión comercial construido en su mayoría con fibra de carbono, equipado con motores de última generación de General Electric y Rolls-Royce, y diseñado para rutas punto a punto entre ciudades medianas del mundo. En sus primeras pruebas, prometía ser 20% más eficiente que su predecesor, el 767.
Pero apenas entró en operación, surgieron señales de alerta. En 2013, dos incidentes graves relacionados con incendios en las baterías de litio forzaron a dejar toda la flota del modelo en tierra. Más adelante, la producción fue afectada por defectos estructurales, piezas instaladas sin trazabilidad y virutas metálicas en zonas críticas del fuselaje.
Los problemas no eran solo técnicos: las denuncias internas por prácticas irregulares en la línea de ensamblaje en Carolina del Sur comenzaron a acumularse.
Voces desde adentro: advertencias ignoradas
John Barnett, un exgerente de control de calidad de Boeing, fue uno de los primeros en levantar la voz. Denunció públicamente que, bajo presión para cumplir con los cronogramas, se estaban instalando piezas defectuosas —incluso extraídas de chatarra— en aviones listos para entrega. También alertó sobre residuos metálicos que podían provocar cortocircuitos en pleno vuelo.
La FAA, autoridad estadounidense en aviación, investigó y encontró respaldo parcial a sus declaraciones: al menos 53 piezas “no conformes” se perdieron en la fábrica. Aunque Boeing rediseñó algunos componentes, no emitió ninguna alerta de seguridad.
Barnett murió por suicidio en 2024, en medio de una batalla legal contra la empresa. Su caso no es aislado. Otras exempleadas, como Cynthia Kitchens, también denunciaron la instalación deliberada de materiales no aprobados y la presión por ignorar fallas en las pruebas de calidad.
Más recientemente, un ingeniero actual de Boeing, Sam Salehpour, testificó ante el Senado de EE.UU. que se habían tomado atajos en el ensamblaje de cientos de Dreamliners, comprometiendo potencialmente la integridad estructural de más de mil aeronaves.
¿El accidente en India es consecuencia de estos fallos?
Todavía no se ha determinado la causa oficial del accidente del vuelo 171. La caja negra ya fue recuperada y las autoridades trabajan contra reloj para descifrar qué pasó exactamente en esos breves pero fatales segundos después del despegue.
El avión siniestrado tenía más de once años en servicio, lo que lo colocaba dentro del periodo normal de operación para esta clase de aeronaves. Y, como subrayan algunos analistas, el historial del 787 hasta este accidente era impecable: más de 1.100 unidades en operación, cerca de mil millones de pasajeros transportados y ningún fallecimiento hasta ahora.
No obstante, organizaciones como la Fundación para la Seguridad Aérea —dirigida por el exempleado de Boeing Ed Pierson— sostienen que el modelo presentaba riesgos conocidos, como fugas de agua en compartimentos eléctricos y desgaste acelerado de ciertas juntas. La FAA incluso había emitido directivas exigiendo revisiones periódicas de estos puntos.
¿Qué sigue para Boeing?
La tragedia ha reabierto un debate profundo sobre la cultura empresarial de Boeing, sus procesos de producción y el rol de los entes reguladores. Tras los dos accidentes del 737 MAX, el fabricante quedó marcado por acusaciones de priorizar ganancias sobre seguridad.
Hoy, muchos se preguntan si el Dreamliner —emblema de una era en la aviación moderna— arrastra fallos heredados de decisiones mal tomadas.
A pesar de las denuncias, algunos expertos piden cautela. “El historial del 787 es sólido. Si hubiera un problema estructural grave, ya lo habríamos visto con consecuencias mayores”, opinó el consultor Richard Aboulafia.
Pero el accidente en India, por su gravedad y simbolismo, exige respuestas claras y acciones contundentes. Para las más de 270 familias afectadas, cualquier silencio o evasiva ya es imperdonable. Y para el mundo de la aviación, este podría ser un punto de quiebre.


