El dolor era imposible de contener. Con lágrimas en los ojos, abrazados a sus padres o sosteniendo dibujos, los compañeros de escuela de Kendall, Keylor y Kristtel —los tres hermanitos que fallecieron junto a su madre Marilyn Chacón Mora en un voraz incendio— llegaron este lunes a despedirse de ellos por última vez.
La escena fue tan conmovedora como devastadora. Aunque la familia solo pudo acompañarlos durante 20 minutos, el pueblo entero se volcó con ellos. Afuera del salón velatorio en Desamparados, una fila de cientos de personas se formó para mostrar solidaridad. Docentes, estudiantes, vecinos y familiares esperaban en silencio, algunos rezando, otros llorando.
“Fue muy poco tiempo, pero no podíamos irnos sin decirles adiós”, comentó entre lágrimas una profesora del centro educativo al que asistían los menores. Varios niños soltaron el llanto en el momento en que los ataúdes fueron colocados para la última oración.
Una comunidad de luto, un país en silencio
El incendio, ocurrido el domingo por la madrugada, consumió en cuestión de minutos la vivienda de dos plantas donde vivía la familia. En el primer nivel operaba una pulpería, y en el segundo estaban los apartamentos, uno de ellos ocupado por Marilyn, su esposo —quien es policía y no se encontraba en el lugar— y sus hijos.
El acceso a la vivienda, que solo contaba con una entrada y salida, complicó los intentos de rescate. Aunque la madre logró hacer una llamada pidiendo ayuda, las llamas avanzaron demasiado rápido. El Cuerpo de Bomberos aún investiga las causas, aunque se descarta que el fuego haya sido provocado.
Una tragedia que caló hondo
La despedida de este lunes fue breve, pero dejó una huella profunda. El cortejo fúnebre se dirigió al cementerio bajo una lluvia de flores y llanto. La escena final fue de esas que se graban para siempre: un pueblo entero abrazando a una familia rota.














