El Gobierno de Estados Unidos, encabezado por Donald Trump, volvió a insistir en su intención de comprar Groenlandia o, en su defecto, recurrir a la vía militar para quedarse con este territorio autónomo del Ártico que pertenece al Reino de Dinamarca.
La postura, reiterada el 7 de enero por la Casa Blanca, reavivó tensiones diplomáticas en Europa y generó alarma internacional.
Groenlandia, con 2,1 millones de kilómetros cuadrados y apenas 57.000 habitantes, es vista por Trump como una pieza clave para la seguridad nacional estadounidense, una idea que el mandatario sostiene desde su primer período presidencial.
Más allá del hielo: una isla estratégica
A simple vista, Groenlandia parece poco atractiva desde el punto de vista económico. Su economía depende principalmente de la pesca y de los subsidios anuales que recibe de Dinamarca, que cubren cerca de la mitad de su presupuesto.
Sin embargo, bajo sus extensas capas de hielo se esconden recursos naturales estratégicos que la convierten en uno de los territorios más codiciados del planeta.
Analistas internacionales coinciden en que Groenlandia podría asegurar a Estados Unidos hegemonía económica, militar y tecnológica durante décadas.
Geopolítica y control del Ártico
Uno de los principales argumentos de Trump es la ubicación geográfica de la isla. Groenlandia se encuentra en la ruta más corta entre América del Norte y Europa, lo que la convierte en un punto clave para la defensa y el despliegue militar.
Además, el deshielo progresivo del Ártico abriría nuevas rutas marítimas de alto valor comercial y estratégico, facilitando el tránsito de buques militares y mercantes.
Desde Washington se ha advertido, sin presentar pruebas concluyentes, sobre una supuesta presencia creciente de Rusia y China en la región, lo que justificaría un mayor control estadounidense.
Dinamarca, por su parte, recuerda que EE. UU. ya cuenta con presencia militar en la isla a través de la base aérea de Pituffik, lo que debilita el argumento de una amenaza inmediata.
Minerales críticos y tierras raras
Groenlandia posee enormes reservas de recursos clave para la industria moderna: uranio, petróleo, gas natural, cobre, níquel, grafito y oro.
Pero su mayor tesoro son las tierras raras, fundamentales para la fabricación de tecnología avanzada, armamento y sistemas de energía.
El territorio es considerado uno de los mayores depósitos de tierras raras del mundo, un factor crucial en la rivalidad global entre Estados Unidos y China.
Actualmente, muchas de estas explotaciones están suspendidas por razones ambientales, aunque Washington observa este potencial como una oportunidad estratégica a largo plazo.
El calentamiento global, un factor decisivo
Cerca del 80% de Groenlandia está cubierto por hielo, pero el cambio climático está alterando rápidamente este escenario.
Entre 2010 y 2023, la isla perdió más de 2.300 kilómetros cúbicos de hielo, lo que no solo contribuye al aumento del nivel del mar, sino que también facilita el acceso a zonas antes inaccesibles.
Este retroceso del hielo podría acelerar la explotación de recursos y consolidar nuevas rutas marítimas en uno de los puntos más sensibles del planeta.
Una ambición con antecedentes históricos
Trump no es el primer presidente estadounidense en intentar adquirir Groenlandia. Desde el siglo XIX, distintos gobiernos de EE. UU. han explorado la posibilidad de comprar el territorio, siempre sin éxito.
Hoy, sin embargo, el contexto geopolítico, la crisis climática y la competencia por los recursos estratégicos hacen que esta vieja ambición cobre una relevancia inédita.


