viernes, 19 junio 2026
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¿Nacer en cierto mes da ventaja en el cole? La ciencia aclara lo que muchos creen

Expertos explican cómo la madurez relativa en el aula y factores del embarazo pueden incidir en el rendimiento, sin determinar la inteligencia de una persona

En más de una conversación entre familias o en redes sociales, ha surgido la idea de que hay meses “mejores” para nacer si se quiere ser más inteligente. Aunque suene curioso, la ciencia ha estudiado este tema y ha encontrado algunos patrones interesantes, pero muy lejos de lo que muchos podrían interpretar como una regla definitiva.

El punto clave no está realmente en el mes en sí, sino en cómo ese dato se cruza con el sistema educativo. Diversas investigaciones, entre ellas una del National Bureau of Economic Research, han evidenciado que los estudiantes que son ligeramente mayores dentro de su mismo nivel escolar suelen tener un mejor rendimiento en los primeros años.

En términos sencillos: en un aula puede haber chiquillos con casi un año de diferencia de edad, aunque estén en el mismo grado. Esa brecha, que parece pequeña, pesa bastante cuando se trata de desarrollo cognitivo y emocional en la niñez. Un estudiante que entra con más edad tiende a tener mayor capacidad de concentración, más seguridad para participar y mejor manejo de sus emociones.

Este fenómeno es conocido como “efecto de la edad relativa” y no es exclusivo de un país. Se ha identificado en sistemas educativos de distintas partes del mundo, lo que refuerza la idea de que no se trata de inteligencia como tal, sino de madurez en etapas clave del crecimiento.

En la práctica, esto puede traducirse en ventajas acumulativas. Los estudiantes mayores suelen destacar más en pruebas académicas, participan con mayor confianza y, en general, tienen menos probabilidades de repetir el año. Por otro lado, quienes nacen en los meses más alejados del corte escolar —y por ende son los más jóvenes del grupo— pueden enfrentar un inicio más cuesta arriba, especialmente en los primeros años de escuela.

Ahora bien, reducir todo a la escuela sería quedarse corto. La ciencia también ha explorado qué pasa antes del nacimiento. Aspectos como la exposición al sol durante el embarazo, la alimentación de la madre o incluso ciertas enfermedades estacionales pueden variar según la época del año. Estos factores pueden influir levemente en el desarrollo del cerebro del bebé, aunque su impacto es mucho menor en comparación con el entorno en el que el niño crece.

Aquí es donde entra un punto clave para el contexto costarricense. Especialistas coinciden en que variables como el acceso a una educación de calidad, el acompañamiento familiar, la nutrición adecuada y las oportunidades de estimulación temprana son mucho más determinantes que cualquier mes de nacimiento. En otras palabras, el entorno pesa más que el calendario.

Incluso, algunos expertos advierten que interpretar estos estudios de forma simplista puede generar etiquetas innecesarias. Pensar que un niño tiene desventaja por haber nacido en cierto mes puede afectar su confianza o la forma en que es percibido por docentes y familiares.

A largo plazo, las diferencias iniciales tienden a equilibrarse. Conforme los estudiantes crecen, factores como la disciplina, el apoyo en casa y el acceso a oportunidades terminan marcando el rumbo mucho más que unos meses de diferencia al inicio de la vida escolar.

Así las cosas, aunque la ciencia sí ha encontrado relaciones entre el mes de nacimiento y el desempeño académico en etapas tempranas, no hay evidencia para afirmar que existan personas “más inteligentes” por haber nacido en una fecha específica. Al final del día, el desarrollo humano es el resultado de múltiples factores, y en eso, el mes de nacimiento apenas juega un papel secundario.

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