Brasil enfrenta una conmoción nacional tras la trágica muerte del reconocido ganadero Garon Maia y su hijo de 12 años, Francisco —apodado cariñosamente Kiko— en un accidente aéreo ocurrido el 29 de julio en la zona fronteriza entre Rondonia y Mato Grosso.
El siniestro involucró a un avión bimotor Beechcraft Baron 58, valuado en 1.2 millones de dólares. La aeronave despegó a las 5:50 p. m. del aeropuerto de Vilhena y se estrelló apenas ocho minutos después, perdiéndose del radar en una densa área forestal. Las autoridades confirmaron que era el niño quien pilotaba el avión.
Días antes del accidente, un video difundido en redes sociales encendió la polémica: en él se ve a Francisco controlando la nave mientras su padre, ubicado en el asiento del copiloto, bebía cerveza y le daba instrucciones. El contenido generó un intenso debate sobre la seguridad, la negligencia y la permisividad en actividades de alto riesgo.
“Mano en la palanca, mantener la velocidad”, se escucha decir a Garon Maia en el video, evidenciando que el menor volaba bajo su supervisión.
Tras el accidente, la tragedia se profundizó aún más. Paula Pridonik, esposa de Garon Maia y madrastra de Kiko, se quitó la vida días después del funeral, a sus 27 años. La familia ha pedido respeto por su duelo y agradeció las muestras de solidaridad.
El Centro de Investigación y Prevención de Accidentes Aeronáuticos (CENIPA) lleva a cabo una investigación detallada para esclarecer los factores que derivaron en este hecho que ha dejado a todo un país consternado.





