lunes, 15 junio 2026
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Decidió morir con dignidad y lo logró: Uruguay aplicó su primera eutanasia legal y marcó un antes y un después en América Latina

Uruguay aplicó su primera eutanasia legal: una mujer con cáncer terminal marcó un hito histórico en la región

Este viernes 22 de mayo, Uruguay escribió una página que no tiene vuelta atrás. Una mujer de 69 años con cáncer de páncreas en etapa terminal se convirtió en la primera persona en recibir la eutanasia legal en ese país, en un procedimiento que se llevó a cabo a las once de la mañana en el Hospital Policial de Montevideo. Su nombre no será revelado, por pedido expreso de su familia y por las propias disposiciones de confidencialidad que establece la ley.

Con este hecho, Uruguay consolida su lugar como uno de los países más avanzados de América Latina en materia de derechos al final de la vida, y abre un capítulo de debate que inevitablemente resonará en el resto de la región, incluida Costa Rica.

El camino que llevó hasta este día

Uruguay legalizó la eutanasia el 15 de octubre de 2025 mediante la votación del proyecto de Ley de Muerte Digna en la Cámara de Senadores, convirtiéndose en el tercer país de América Latina en hacerlo, después de Colombia y Ecuador. Ese resultado fue el desenlace de años de debate político, médico, ético y social sobre el derecho a decidir cómo y cuándo morir cuando la enfermedad ya no tiene salida.

La reglamentación definitiva fue firmada en abril de 2026 por el presidente Yamandú Orsi, quien destacó que la aprobación implicó un proceso de debate profundo, plural y sostenido en el tiempo, y señaló que la dignidad humana está en el centro de las decisiones más complejas.

A partir de ese momento, el sistema de salud uruguayo quedó habilitado para aplicar el procedimiento, y comenzó el proceso de verificación y acompañamiento del primer caso concreto.

Quién era esta mujer y por qué tomó esta decisión

La paciente padece cáncer de páncreas con metástasis pulmonar, renal y hepática en fase avanzada, es decir, en etapa terminal. Se encontraba internada en el Hospital Policial desde hacía diez días al momento del procedimiento.

Su decisión de acceder a la eutanasia estaba tomada desde enero de este año, y el último miércoles firmó el consentimiento legal para llevar adelante el procedimiento. No fue una decisión apresurada ni solitaria. Fue el resultado de meses de reflexión, acompañada por su familia y siguiendo cada uno de los pasos que la ley establece.

Qué dice la ley y quiénes pueden acceder

El proyecto aprobado busca garantizar el derecho a transcurrir dignamente el proceso de morir, mediante la despenalización de la eutanasia en los mayores de edad psíquicamente aptos que atraviesen la etapa terminal de enfermedades incurables e irreversibles o que padezcan sufrimientos insoportables por ellas.

La solicitud debe hacerse de manera personal, por escrito y ante un médico, quien la firma en presencia del paciente. Luego el caso pasa por un protocolo de evaluación que incluye la valoración de un equipo médico y el cumplimiento de plazos establecidos para garantizar que la decisión es libre, informada y sostenida en el tiempo. Solo cuando se han cumplido todos esos pasos el procedimiento puede realizarse.

La ley también contempla que pueden acogerse a ella no solo los ciudadanos uruguayos sino también los extranjeros que acrediten residencia habitual en el territorio nacional.

El debate que este hecho vuelve a abrir

La eutanasia es uno de los temas más divisivos que existen en cualquier sociedad, porque toca a la vez fibras éticas, religiosas, médicas y filosóficas que raramente apuntan todas en la misma dirección. En Uruguay, la aprobación de la ley no fue unánime. La votación en la Cámara de Diputados registró 64 votos a favor y 29 en contra, lo que refleja que incluso dentro de la clase política el consenso dista de ser total.

Quienes apoyan la eutanasia la defienden como una expresión legítima de la autonomía personal, del derecho de cada ser humano a decidir sobre su propio cuerpo y sobre cómo quiere vivir, o dejar de vivir, sus últimos días. Argumentan que obligar a alguien a prolongar una vida marcada por el sufrimiento extremo y sin perspectiva de recuperación no es compasión sino crueldad.

Quienes se oponen señalan que la medicina tiene como principio fundamental no causar la muerte, que los cuidados paliativos han avanzado lo suficiente como para aliviar el sufrimiento sin necesidad de terminar con la vida, y que la legalización puede generar presiones indebidas sobre personas vulnerables que en otras circunstancias no elegirían morir.

Qué pasa en Costa Rica y en el resto de la región

En Costa Rica la eutanasia sigue siendo un tema sin regulación específica y sin debate legislativo activo en el horizonte cercano. El país tiene una tradición conservadora en este tipo de materias, influenciada en gran medida por la Iglesia Católica y por una cultura que tiende a asociar el buen morir con el acompañamiento espiritual y familiar más que con la muerte médicamente asistida.

Sin embargo, lo que ocurre en Uruguay no pasa desapercibido. Cada vez que un país de la región da un paso en esta dirección, el debate se reactiva aunque sea por un tiempo en los demás. Y ese debate, aunque incómodo, tiene una utilidad real: obliga a hablar de cosas que las sociedades suelen postergar hasta que la enfermedad o la vejez las ponen frente a frente con preguntas que no tienen respuesta fácil.

Lo que hoy ocurrió en Montevideo es, independientemente de lo que cada quien piense, un hecho histórico. Una mujer decidió cómo quería terminar su vida, lo hizo dentro de un marco legal que lo permitía, y ese acto tendrá consecuencias que van mucho más allá de las paredes de un hospital.

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