Los avances alcanzados durante décadas en la lucha contra el VIH podrían comenzar a revertirse debido a la reducción de la ayuda internacional destinada a programas de prevención, diagnóstico y tratamiento. Esa es la preocupación expresada por una alta funcionaria del Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/Sida (ONUSIDA), quien advirtió que el mundo podría enfrentar una nueva epidemia con consecuencias similares a las vividas en décadas pasadas.
La advertencia fue realizada por Christine Stegling, directora de Gestión y Alianzas de ONUSIDA, durante la presentación del documental Hunted: Kidnapped, Blackmailed and Tortured for Being LGBTQ+, producido por The Independent. La funcionaria aseguró que el contexto político actual y los recortes en la cooperación internacional están debilitando los sistemas de atención para millones de personas.
Según explicó, uno de los principales riesgos es que cada vez más personas dejen de realizarse pruebas de detección del virus, lo que retrasaría el diagnóstico y permitiría que muchas infecciones permanezcan sin detectar durante largos periodos.
«Mi mayor temor es que no volvamos a conseguir que el mundo preste atención a esta crisis como ocurrió en los años noventa y principios de los 2000», señaló Stegling, al recordar la movilización internacional que permitió ampliar el acceso a tratamientos antirretrovirales y reducir significativamente la mortalidad asociada al sida.
La representante de ONUSIDA afirmó que los datos más recientes muestran una disminución en el acceso a servicios de salud relacionados con el VIH, especialmente en comunidades vulnerables. A su juicio, la falta de pruebas diagnósticas podría convertirse en uno de los principales desafíos de los próximos años.
«Muchas personas ya no sabrán cuál es su estado de salud y acudirán al sistema médico cuando la enfermedad esté en etapas avanzadas. Eso puede tener consecuencias devastadoras», advirtió.
Las preocupaciones también han sido respaldadas por el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, quien recientemente alertó que el mundo continúa lejos de alcanzar las metas internacionales fijadas para 2025 en la respuesta contra el VIH y el sida.
De acuerdo con cifras presentadas por Naciones Unidas, al cierre de 2024 alrededor de 9,2 millones de personas seguían sin acceso a tratamiento antirretroviral. Además, se registraron aproximadamente 630.000 muertes relacionadas con el sida y 1,3 millones de nuevos contagios, cifras que superan ampliamente los objetivos establecidos por la comunidad internacional.
El documental que motivó el debate expone la realidad que enfrentan numerosas personas de la comunidad LGBTQ+ en Nigeria, donde organizaciones defensoras de derechos humanos denuncian un incremento en secuestros, agresiones, chantajes y actos de violencia motivados por la orientación sexual o identidad de género de las víctimas.
La investigación periodística también revela que muchos sobrevivientes de estos ataques viven con VIH y ahora enfrentan una nueva amenaza: el cierre de clínicas, refugios y programas de atención debido a la disminución de los recursos provenientes de la cooperación internacional.
Yemi Ogunwa, activista por los derechos humanos que participa en el documental, afirmó que las agresiones contra personas homosexuales se han intensificado durante los últimos meses y que numerosas víctimas han sufrido golpizas, mutilaciones y otros actos de violencia.
Por su parte, Charles Ssonko, responsable del programa de enfermedades infecciosas y crónicas de Médicos Sin Fronteras (MSF) Reino Unido, aseguró que la situación recuerda los años más críticos de la epidemia.
«Estamos viendo señales que nos hacen retroceder dos décadas, cuando miles de personas morían porque simplemente no tenían acceso a tratamiento», manifestó durante el conversatorio posterior a la proyección.
Ssonko recordó que cuando trabajó en Uganda a finales de la década de 1990 prácticamente todas las familias habían sido afectadas por el VIH. Gracias a los programas internacionales de prevención y acceso a medicamentos la situación mejoró considerablemente, aunque considera que ese progreso ahora está en riesgo.
Entre las causas señaladas por los especialistas figuran los importantes recortes en la ayuda exterior realizados por varios gobiernos occidentales.
En Estados Unidos, la administración del presidente Donald Trump redujo de manera significativa los recursos destinados a cooperación internacional, afectando proyectos de salud administrados por la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), que financiaba programas de prevención, tratamiento y atención médica en numerosos países.
En el caso del Reino Unido, aunque el Gobierno mantuvo la financiación para algunas crisis humanitarias específicas, como las de Ucrania, Gaza y Sudán, los programas dirigidos al VIH no fueron incluidos entre las prioridades protegidas.
Las autoridades británicas también confirmaron una reducción de 150 millones de libras esterlinas en su aporte al Fondo Mundial de lucha contra el sida, la tuberculosis y la malaria, además de disminuir significativamente los programas bilaterales de cooperación con países africanos.
Diversas organizaciones internacionales advierten que estas decisiones podrían tener un impacto directo sobre millones de personas que dependen de medicamentos, pruebas diagnósticas, tratamientos preventivos y campañas de educación para controlar la propagación del virus.
Especialistas en salud pública coinciden en que mantener el acceso temprano al diagnóstico, garantizar la continuidad de los tratamientos y fortalecer la prevención siguen siendo las herramientas más eficaces para evitar un repunte mundial de nuevas infecciones por VIH y reducir las muertes asociadas al sida.


