Lo que prometía ser una fiesta deportiva entre Costa Rica y Nicaragua terminó en enojo y frustración para cientos de aficionados ticos que viajaron hasta Managua. Según reportes desde el lugar, más de mil costarricenses quedaron varados en las afueras del estadio sin poder ingresar, pese a haber adquirido su entrada.

El recinto deportivo lució a reventar desde temprano. En las gradas no cabía un alma más, mientras que en los accesos se acumulaban largas filas de seguidores vestidos con la camiseta rojinegra de la Selección Nacional. La causa principal, señalan asistentes, habría sido la sobreventa de boletos, lo que saturó la capacidad real del inmueble.

La molestia de los aficionados fue evidente. Muchos de ellos viajaron durante horas por carretera desde Costa Rica, con la ilusión de alentar a “La Sele” en territorio nicaragüense, y terminaron observando el partido desde las afueras del estadio, bajo un fuerte operativo de seguridad.
El ambiente dentro del estadio contrastaba con lo que ocurría afuera. Las imágenes muestran un lleno total, con miles de aficionados locales y ticos disfrutando del encuentro, mientras en las inmediaciones el desorden y la falta de acceso generaban incomodidad.
La Federación Nicaragüense de Fútbol aún no se ha pronunciado oficialmente sobre la situación, pero en redes sociales circulan múltiples denuncias de personas afectadas. El hecho reabre el debate sobre la organización y la logística en partidos internacionales de gran convocatoria en Centroamérica.
Para los aficionados costarricenses, la experiencia fue amarga: además de los gastos de transporte y hospedaje, muchos nunca lograron ver jugar a la Selección en vivo, quedando con la sensación de haber sido burlados.


