En el fútbol, la memoria a veces parece tener un filtro muy selectivo. Mientras en Costa Rica el nombre de Miguel Herrera sigue siendo sinónimo de una herida deportiva abierta y de un proyecto mundialista tirado a la basura, a nivel internacional su figura está a punto de ser inmortalizada.
El popular y siempre controversial «Piojo» amaneció este mes en la exclusiva lista de los 15 candidatos oficiales para ingresar a la próxima generación del Salón de la Fama del Fútbol Internacional, compitiendo en la categoría «nacional» (enfocada en trayectorias dentro del balompié mexicano).
Análisis Deportivo: El jugador vs. el estratega
Desde la perspectiva del análisis histórico, la nominación de Herrera no premia sus recientes y estrepitosos fracasos en los banquillos, sino que busca hacerle justicia a su aguerrida etapa como futbolista profesional.
Para entender su lugar en la boleta de votación, hay que retroceder el casete hasta 1988, año en que debutó como un recio defensor con los Tecos de la UAG. Durante casi 12 años, Herrera forjó una carrera sólida, vistiendo las camisetas de clubes icónicos del fútbol azteca como Santos Laguna, Atlante, Querétaro y, muy especialmente, los Toros Neza, donde se convirtió en un ícono de la cultura popular futbolera en la década de los 90 por su garra y temperamento explosivo.
La pesadilla tica: Un Mundial perdido y una fuga exprés
Sin embargo, para la afición costarricense, aplaudir este reconocimiento resulta casi un insulto a la pasión tricolor. El contexto reciente es imposible de borrar. En enero de 2025, la Federación Costarricense de Fútbol trajo a Herrera con bombos y platillos, vendiéndolo como el «salvador» táctico que nos llevaría de la mano a la Copa del Mundo de Norteamérica 2026.
El análisis de su gestión en Tiquicia es lapidario: su esquema nunca cuajó, el camerino se le salió de las manos y el camino eliminatorio se convirtió en un calvario de malas decisiones.
El punto de quiebre y el final de la crónica de una muerte anunciada ocurrió en noviembre del año pasado. La «Joya» de La Sabana fue el escenario de un paupérrimo empate 0-0 ante la selección de Honduras, un resultado caótico que terminó por sepultar las aspiraciones mundialistas de La Sele. Fiel a su estilo controversial, Herrera ni siquiera dio la cara en un proceso de transición; al día siguiente del fracaso, ya estaba empacando maletas y volando de regreso a México.
Hoy, mientras Costa Rica ve el Mundial de 2026 por televisión y busca rearmar un equipo destrozado anímicamente, el «Piojo» dejó el estrés de los banquillos. Instalado cómodamente en los estudios de la cadena TUDN como comentarista deportivo, Herrera ahora opina de táctica detrás de un micrófono y espera pacientemente los votos que, irónicamente, podrían convertirlo en una leyenda de salón este mismo año.


