Si usted ya tenía la chema lista y la hielera empacada para irse a ver la final del Torneo de Copa al Edgardo Baltodano este 15 de abril, le recomendamos frenar un toque. En los pasillos del Ricardo Saprissa se está cocinando una agresiva jugada de escritorio para quitarle la sede a la «Ciudad Blanca». ¿La razón? El tricampeón nacional sacó la calculadora y se dio cuenta de que el infernal viaje a Guanacaste, las presas kilométricas de la Interamericana y un estadio pequeñito no solo los deja casi sin ganancias, sino que les exprime las piernas a solo tres días del partido más importante del año: el Clásico Nacional. Le desglosamos la llamada secreta a Sporting, el reparto de la plata que no cuadra, y el silencio oficial que tiene a la Unafut en vilo
El balón del Torneo de Copa ni siquiera ha rodado, pero el partido más intenso ya se está disputando fuera de la cancha. El Deportivo Saprissa decidió mover sus hilos administrativos para intentar cambiar la sede de la gran final frente a Sporting FC, agendada originalmente para el próximo 15 de abril en el caluroso césped del estadio Edgardo Baltodano Briceño, en Liberia.
Lo que empezó como un simple rumor de pasillo, resultó ser una gestión calculada. Fuentes cercanas confirmaron que el propio secretario técnico del cuadro morado, el exarquero José Francisco Porras, fue quien levantó el teléfono para contactar a la dirigencia de Sporting y exponerles una cruda realidad: jugar en Guanacaste bajo las condiciones actuales es un terrible negocio deportivo y financiero para ambos clubes.
Análisis Deportivo y Financiero: La pesadilla de la Ruta 1 y la taquilla estancada
Desde la perspectiva táctica y económica, los argumentos que la «S» puso sobre la mesa son pesados y difíciles de ignorar. Saprissa basó su solicitud en tres pilares fundamentales:
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El «Infierno» Logístico y el Clásico: El calendario es el peor enemigo del Monstruo en este momento. La final está programada a tan solo 72 horas de un Clásico Nacional. En condiciones normales, el viaje a Liberia toma unas cuatro horas, pero con los actuales e interminables trabajos en la carretera Interamericana Norte, los equipos se exponen a quedarse varados en presas de hasta seis horas. Para el cuerpo técnico, someter a los jugadores a 12 horas de bus ida y vuelta, sumado al desgaste del calor guanacasteco, es un auténtico suicidio físico antes de enfrentar a la Liga.
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Los Costos Operativos: Viajar a Liberia no es barato. Los clubes deben asumir el costo íntegro del transporte en unidades de lujo, hospedaje de concentración y alimentación para un contingente de casi 40 personas.
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Una Taquilla que no da la talla: Aquí es donde el bolsillo duele más. El estadio Edgardo Baltodano apenas tiene capacidad para 3.720 aficionados. Para un equipo de alta convocatoria como Saprissa, esa taquilla es minúscula. Además, el reglamento de la Unafut establece que la organización se deja el 20% de lo recaudado para gastos operativos, entregándole solo el 45% al campeón y el 35% al subcampeón. En resumen: después de pagar hotel y bus, la ganancia para los equipos es casi nula.
El muro burocrático de la Unafut y el silencio de Tibás
A pesar de que los argumentos de Saprissa tienen toda la lógica logística y económica del mundo, la mudanza no es tan sencilla como simplemente darle la mano a Sporting. El reglamento es estricto: para arrebatarle la sede a Liberia en este punto del campeonato, se necesita convocar de urgencia a una asamblea extraordinaria de la Unafut y someter la decisión a votación entre todos los presidentes de los clubes de la Primera División.
En un clásico movimiento de relaciones públicas, el departamento de comunicación del Saprissa ha optado por el hermetismo total, asegurando que «no han realizado ninguna solicitud formal a Unafut o Sporting sobre este tema». Y técnicamente no mienten; la gestión de Porras fue exploratoria y extraoficial, midiendo las aguas antes de mandar el papel con sello.
El reloj avanza y abril está a la vuelta de la esquina. Ahora la pelota está en la cancha de los directivos, quienes deberán decidir si obligan a los equipos a someterse a la pesadilla logística de la Ruta 1, o si ceden ante la presión del Monstruo para traerse la final de vuelta al centro del país.


