El Servicio Federal de Seguridad ruso (FSB) anunció la retirada de la acreditación a seis diplomáticos británicos en Moscú, acusándolos de espionaje y considerándolos una «amenaza para la seguridad de Rusia». Esta medida es vista como una represalia por lo que Moscú llama «actos hostiles» por parte del Reino Unido. Los diplomáticos, pertenecientes al departamento político de la embajada británica, supuestamente llevaron a cabo actividades de inteligencia y subversión.
Londres negó categóricamente estas acusaciones, calificándolas como «totalmente infundadas» y afirmó que seguirá protegiendo sus intereses nacionales. La tensión entre ambos países se intensifica en medio del conflicto en Ucrania y la posibilidad de que Kiev utilice misiles de largo alcance, un tema que también fue discutido entre el primer ministro británico, Keir Starmer, y el presidente de EE. UU., Joe Biden, en Washington.
El FSB afirma que tiene pruebas documentales de que Londres está coordinando una escalada en la situación política y militar, y señaló que el Departamento para Europa del Este y Asia Central del Ministerio de Relaciones Exteriores británico lidera esta estrategia con el objetivo de «infligir una derrota estratégica» a Rusia.
El Ministerio de Relaciones Exteriores ruso, a través de su portavoz María Zajárova, respaldó la decisión del FSB y criticó a la embajada británica por exceder los límites diplomáticos establecidos en la Convención de Viena. La televisión rusa mostró imágenes de los diplomáticos y afirmó que la retirada de acreditación conlleva su expulsión inmediata del país.


