El Estadio Edgardo Baltodano Briceño fue el escenario de una verdadera pesadilla futbolística para la Asociación Deportiva San Carlos. Caer aplastados 5 por 1 ante el Municipal Liberia es un trago amargo para cualquier institución, pero la verdadera tormenta se desató fuera del terreno de juego, específicamente en la sala de conferencias.
Fiel a su estilo visceral y notoriamente ofuscado por la paliza táctica que acababa de recibir, el técnico Walter «Paté» Centeno protagonizó un episodio que dejó boquiabiertos a los comunicadores presentes. El estratega se sentó, escuchó la primera consulta de la prensa, dio una respuesta escueta y, sin mayor explicación, se levantó de la silla abandonando el recinto. El silencio sepulcral en la sala rápidamente se transformó en un expediente disciplinario.
Análisis Reglamentario: Nadie está por encima del protocolo
Desde la perspectiva del negocio del fútbol y las regulaciones de la UNAFUT, las conferencias de prensa post-partido no son una cortesía del entrenador; son una obligación contractual ineludible. Las televisoras, los patrocinadores y la afición exigen rendición de cuentas, y huir de los micrófonos constituye una infracción directa a los estatutos que rigen la Primera División.
El Tribunal Disciplinario de la Federación Costarricense de Fútbol (FCRF) no dudó en aplicar la guillotina reglamentaria. Basándose estrictamente en el artículo 57 BIS, inciso 11, el ente rector le clavó una multa de ₡400.000 al club norteño. La justificación fue tajante: es la primera vez en la presente temporada que la institución irrespeta abiertamente el Reglamento de Comunicación y Prensa, permitiendo que su director técnico deje la conferencia botada.
Para las finanzas de un club nacional, regalar casi medio millón de colones por un arrebato de orgullo en el banquillo es un lujo que las juntas directivas rara vez toleran sin pedir explicaciones a lo interno.
Llueve sobre mojado: Expulsión y más multas
El análisis del desastre sancarleño en tierras liberianas no termina en la silla vacía de Centeno. El colapso mental del equipo durante los 90 minutos también cobró víctimas en la plantilla titular, dejando al cuerpo técnico con un grave rompecabezas táctico para la próxima fecha.
El zaguero Yosel Piedra perdió la cabeza durante el encuentro, ganándose dos tarjetas amarillas que culminaron en una inevitable tarjeta roja. El Tribunal Disciplinario también pasó la factura por esta indisciplina en la cancha: el defensor deberá purgar un partido de suspensión (dejándolo automáticamente fuera del crucial compromiso frente a Guadalupe FC) y, para rematar el oscuro panorama financiero, se le impuso una multa adicional de ₡100.000.
San Carlos regresa a casa lamiéndose las heridas, con la moral por el suelo, bajas en su alineación estelar y medio millón de colones menos en la cuenta bancaria. Un recordatorio lapidario de que en el fútbol profesional, perder los estribos sale muchísimo más caro que perder los tres puntos.


