En la Basílica, monseñor Román le habla a Fernández del sufrimiento que los números no muestran
Cartago — Laura Fernández llegó a la Basílica de Nuestra Señora de los Ángeles en Cartago este sábado para encomendar su gobierno ante la Virgen de los Ángeles. El sermón que escuchó, a cargo del obispo de Limón, monseñor Javier Román, fue una enumeración serena pero directa de los problemas que la nueva presidenta heredó: listas de espera en la CCSS, familias bananeras sin trabajo en el Caribe, jóvenes, pueblos indígenas y zonas portuarias que el desarrollo ha dejado atrás.
«Las listas de espera son un dolor nacional y una herida al corazón», afirmó el obispo ante la presidenta, sus ministros y los feligreses reunidos en la celebración eucarística con la que la Iglesia Católica marcó el inicio del nuevo mandato constitucional.
El Caribe como señal de urgencia
Monseñor Román convirtió el cierre de las fincas bananeras en Limón en uno de los ejes de su mensaje, en un gesto que no fue casual: el obispo de Limón es el jerarca de la diócesis que cubre precisamente la región más golpeada por los recientes despidos de Fresh Del Monte.
«¿Cómo no pensar también en tantas familias trabajadoras de la zona del Caribe, que hoy viven con preocupación e incertidumbre ante el cierre de plantaciones bananeras y la pérdida de empleo? Detrás de cada despido hay hogares, niños, adultos mayores y personas que miran el futuro con angustia», señaló.
Un llamado que también alcanzó a los diputados
La interpelación de monseñor Román no se dirigió solo al Ejecutivo. El obispo fue explícito al repartir la responsabilidad entre todos los poderes del Estado: «Ese esfuerzo no puede recaer solamente sobre el gobierno. Es una responsabilidad que compromete al Poder Ejecutivo, al Poder Legislativo, al Poder Judicial, a las instituciones del Estado, a los sectores sociales, a las universidades, a los empresarios, a los trabajadores.»
El tono fue el de quien recuerda que la agenda social trasciende los ciclos electorales y no depende de un solo actor.
El mensaje sobre el estilo de gobernar
Más allá de los temas concretos, el obispo ofreció a Fernández un retrato del tipo de liderazgo que espera de ella: «Nuestro país necesita firmeza, sí, pero también humanidad. Necesita autoridad, pero también compasión. Necesita decisiones valientes, tomadas sin perder la sensibilidad del corazón.»
Y cerró con una advertencia suave pero precisa sobre la naturaleza efímera del poder: «Al final toda autoridad pasa y el poder pasa. Lo que permanece es el bien que hizo, la paz que sembró y el amor con que sirvió a los demás.»
Fernández escuchó el sermón en la primera fila de la Basílica, cuatro días después de haber asumido la presidencia con un discurso centrado en la seguridad y la mano dura contra el crimen organizado. El mensaje que recibió en Cartago apuntó en otra dirección: hacia quienes sufren en silencio y no aparecen en los titulares de seguridad.


