Una jueza federal aprobó el mayor acuerdo conocido por derechos de autor en Estados Unidos; el caso abarca más de 480.000 libros.
Anthropic, la empresa creadora del asistente de inteligencia artificial Claude, deberá desembolsar $1.500 millones como parte de un histórico acuerdo con autores y editoriales que la acusaron de utilizar cientos de miles de libros obtenidos ilegalmente.
Una jueza federal de San Francisco dio la aprobación definitiva al acuerdo esta semana, convirtiéndolo en el mayor arreglo conocido por derechos de autor en la historia de Estados Unidos.
El caso incluye alrededor de 482.000 obras y contempla pagos cercanos a $3.000 por cada libro incluido en la demanda. Más del 91% de los autores y editoriales elegibles ya habían presentado sus reclamaciones.
No fue exactamente una “multa”
Aunque algunas publicaciones han descrito el pago como una multa contra Anthropic, jurídicamente se trata de un acuerdo para resolver una demanda colectiva por derechos de autor.
Anthropic aceptó el acuerdo en 2025 para evitar llevar a juicio una parte del caso que podía exponer a la compañía a indemnizaciones considerablemente superiores.
La empresa no admitió responsabilidad como parte del arreglo.
El problema no fue simplemente entrenar a Claude
El caso presenta una diferencia importante para el debate sobre inteligencia artificial y derechos de autor.
En junio de 2025, el juez William Alsup determinó que utilizar libros para entrenar modelos de inteligencia artificial podía considerarse un uso legítimo o “fair use” bajo las circunstancias analizadas.
Sin embargo, Anthropic también había creado una enorme biblioteca digital utilizando millones de libros descargados desde sitios de piratería.
El tribunal concluyó que conservar esas copias pirateadas para construir una biblioteca central no quedaba protegido automáticamente por el uso legítimo.
La compañía almacenó más de 7 millones de libros en esa biblioteca, según los documentos del caso.
Compraron libros, los cortaron y escanearon
Otro de los detalles más llamativos revelados durante el proceso judicial fue la forma en que Anthropic digitalizó millones de libros físicos.
La compañía compró ejemplares impresos, retiró sus encuadernaciones, cortó las páginas y posteriormente las escaneó para convertirlas en archivos digitales.
Los ejemplares físicos fueron descartados después del proceso.
Sin embargo, este procedimiento no fue lo que provocó el acuerdo de $1.500 millones.
El juez consideró que digitalizar ejemplares comprados legalmente y destruir posteriormente los originales podía constituir uso legítimo, debido a que Anthropic estaba sustituyendo una copia física adquirida legalmente por una copia digital para uso interno.
El problema jurídico se concentró principalmente en los libros que la empresa había descargado desde fuentes piratas.
Más de 480.000 libros involucrados
El acuerdo cubre aproximadamente 482.000 títulos cuyos titulares de derechos alegaron que fueron descargados ilegalmente.
Los autores recibirán aproximadamente $3.000 por obra antes de determinadas deducciones y gastos asociados al proceso.
Entre los beneficiarios aparecen grandes editoriales y escritores reconocidos.
Bloomsbury, editorial vinculada con obras como la saga de Harry Potter, espera recibir alrededor de $19 millones correspondientes a más de 14.000 títulos incluidos en el acuerdo.
Un precedente clave para la inteligencia artificial
La resolución no significa que utilizar cualquier obra protegida para entrenar una inteligencia artificial sea automáticamente legal o ilegal.
La decisión de 2025 estuvo vinculada a las circunstancias específicas del caso y separó dos cuestiones distintas: el entrenamiento de modelos y la forma en que las empresas obtienen las obras utilizadas para hacerlo.
Precisamente esa diferencia podría convertirse en uno de los puntos centrales de futuras demandas contra compañías de inteligencia artificial.
Por ahora, Anthropic deberá financiar un acuerdo de $1.500 millones que marca un récord dentro de las disputas por derechos de autor en Estados Unidos y demuestra que, aunque el entrenamiento de una IA pueda considerarse uso legítimo bajo determinadas circunstancias, obtener las obras mediante piratería plantea un problema jurídico completamente diferente.


