Este 22 de abril se cumplen 35 años del Terremoto de Limón de 1991, uno de los eventos naturales más impactantes en la historia reciente del país.
A las 3:57 de la tarde de 1991, un fuerte sismo de magnitud 7,7 sacudió la zona del Caribe costarricense, especialmente la provincia de Limón, dejando una huella profunda tanto en la infraestructura como en la memoria colectiva.
Un fenómeno que sorprendió a todos
Uno de los aspectos más recordados de aquel día fue el comportamiento inusual del mar. En varias zonas de la costa, el agua se retiró considerablemente antes de regresar con fuerza, generando escenas que quedaron grabadas en quienes vivieron el momento.

Este fenómeno estuvo asociado a cambios en el nivel del terreno provocados por el movimiento tectónico, que alteró la línea costera en distintos puntos del Caribe.
El más fuerte del mundo ese año
El sismo no solo fue devastador a nivel nacional, sino que también destacó a nivel global. Según registros internacionales, fue el terremoto de mayor magnitud registrado en todo el planeta durante 1991.

Su impacto se sintió incluso fuera de Costa Rica, alcanzando regiones de países vecinos.
Consecuencias en el país
El terremoto provocó importantes daños en carreteras, puentes, viviendas y servicios básicos, además de afectar seriamente la economía de la región Caribe.

Comunidades enteras enfrentaron cambios en el terreno, con elevaciones y hundimientos que modificaron el paisaje de forma permanente.
Un antes y un después
A partir de este evento, Costa Rica fortaleció sus políticas de prevención y respuesta ante desastres naturales, impulsando mejoras en infraestructura y protocolos de emergencia.

Hoy, 35 años después, el recuerdo del Terremoto de Limón de 1991 sigue presente como una de las experiencias más significativas en la historia sísmica del país, recordando la importancia de la preparación ante este tipo de fenómenos.


