miércoles, 3 junio 2026
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Sesenta casas de piedra abandonadas hace medio siglo, paneles solares y un bosque comestible: la historia de la pareja que resucito un pueblo en Burgos

La pareja que compro un pueblo fantasma en Espana por 350.000 euros y lo esta convirtiendo en una comunidad autosuficiente

En los anos setenta, el ultimo habitante de Barcena de Bureba cerro la puerta de su casa y se fue. Don Florentino fue el ultimo en abandonar este pequeno pueblo de la provincia de Burgos, en Castilla y Leon, que se habia quedado sin electricidad, sin agua potable y sin futuro. Durante mas de medio siglo, sus 60 viviendas de piedra fueron cayendo bajo el peso del tiempo, la maleza fue tomando los caminos y el silencio se instalo como unico vecino permanente.

Hasta que en 2024 una pareja de Paises Bajos llego, vio lo que nadie mas quiso ver y decidio comprar el pueblo entero.

Maaike Geurts y Tibor Strausz adquirieron la mayor parte de Barcena de Bureba por 350.000 euros, una cantidad que en el mercado inmobiliario europeo actual no alcanzaria ni para un apartamento de dos habitaciones en cualquier ciudad mediana. La compra incluia unas 60 casas de piedra en diferentes grados de deterioro, caminos practicamente intransitables y terrenos completamente abandonados. Lo que para la mayoria de la gente era una ruina sin remedio, para ellos era exactamente el espacio que llevaban anos buscando para construir algo distinto.

El proyecto que imaginaron es una ecoaldea autosuficiente, un modelo de vida comunitario alejado del ritmo de las ciudades, basado en la sostenibilidad, la cooperacion entre vecinos y el contacto real con la naturaleza. No es una idea romantica vaga: es un plan concreto que ya tiene sus primeras realizaciones sobre el terreno.

El primer problema que debieron resolver fue el mismo que habia expulsado a los habitantes originales: la falta de servicios basicos. Para la electricidad, instalaron una red propia alimentada por paneles solares y baterias almacenadas en un contenedor maritimo reciclado. Para el agua, aprovecharon el riachuelo que atraviesa la zona y desarrollaron sistemas de riego y balsas de almacenamiento. Ademas, pusieron en marcha un bosque comestible, un modelo de produccion agricola que imita la estructura de un bosque natural pero con plantas y arboles que generan alimentos, y que busca garantizar el abastecimiento de la comunidad de manera sostenible.

En 2025, la pareja se instalo de manera definitiva en el pueblo junto a sus dos hijas, de ocho y diez anos. Las ninas asisten a un colegio bilingue en la ciudad cercana de Briviesca y segun sus padres se han adaptado bien al cambio. Maaike lo resume con una frase que dice mucho sobre el estado del proyecto: estamos muy sorprendidos, la verdad. Nunca pensamos que esto pudiera pasar, nos va mucho mejor de lo esperado.

La iniciativa busca incorporar nuevos residentes, con preferencia inicial por seis familias provenientes de Paises Bajos, aunque la convocatoria esta abierta a personas de cualquier pais que quieran sumarse al proyecto, rehabilitar una vivienda y vivir bajo ese modelo de comunidad. El entorno ayuda: Barcena de Bureba se encuentra en una zona por la que pasa el Camino de Santiago, con un patrimonio romanico notable que incluye una iglesia medieval dentro del propio recinto del pueblo, y un paisaje montanoso y verde que ha permanecido intacto precisamente por las decadas de abandono.

La historia de este pueblo no es un caso aislado. Espana tiene cientos de localidades vaciadas que se despoblaron a lo largo del siglo veinte por las mismas razones que Barcena de Bureba: falta de oportunidades, ausencia de servicios y la atraccion irresistible de las ciudades. Lo que Maaike y Tibor estan intentando es demostrar que ese proceso no es irreversible, que con tecnologia sostenible, voluntad comunitaria y una vision diferente del buen vivir, un pueblo que parecía condenado al olvido puede volver a tener vida.

Para quienes en Costa Rica suenian con salir del estres urbano y construir algo propio en un entorno natural, esta historia tiene algo de espejo. La escala es diferente y el contexto es otro, pero la pregunta de fondo es la misma: que tan lejos estamos dispuestos a ir para vivir como realmente queremos.

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