El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, elevó este lunes la presión política y militar sobre Venezuela al exigir a la vicepresidenta ejecutiva, Delcy Rodríguez, un “acceso total” al país, especialmente a sus recursos naturales, y advertir que no descarta una nueva ofensiva armada si el Gobierno interino no acata las condiciones impuestas por Washington.
Las declaraciones del mandatario se produjeron a bordo del Air Force One, durante su traslado desde Mar-a-Lago, en Florida, hacia la capital estadounidense. Allí, Trump fue enfático al señalar que Estados Unidos busca control pleno sobre sectores estratégicos venezolanos como parte de un proceso que, según él, apunta a la “reconstrucción” del país tras años de deterioro institucional y económico.
Petróleo e infraestructura en el centro del pulso
Trump insistió en que las grandes petroleras estadounidenses volverán a operar en Venezuela para reparar infraestructura que, a su criterio, fue construida por empresas de su país y posteriormente “robada” o abandonada bajo los gobiernos chavistas. Carreteras, puentes y sistemas energéticos fueron citados como ejemplos del colapso que, según el mandatario, justifica una intervención directa.
“Necesitamos acceso total al petróleo y a otros recursos que permitan levantar el país”, afirmó, al tiempo que cuestionó el estado de la infraestructura básica venezolana y responsabilizó al chavismo de su deterioro.
Amenaza abierta de nuevos ataques
Apenas un día después del operativo que culminó con la captura de Nicolás Maduro, Trump dejó claro que una segunda acción militar no está descartada. Consultado sobre si la detención del exmandatario cerraba el capítulo bélico, respondió con una advertencia directa: si el nuevo liderazgo venezolano “no se porta bien”, Estados Unidos volverá a atacar.
El presidente confirmó que las Fuerzas Armadas estadounidenses se mantienen en alerta y con capacidad de ejecutar un nuevo golpe similar al que impactó Caracas y regiones como La Guaira, Aragua y Miranda durante la reciente operación.
Una doctrina renovada para América Latina
Trump también aprovechó para presentar su visión regional, a la que denominó la “Doctrina Donroe”, en referencia a la histórica Doctrina Monroe. Bajo este enfoque, el hemisferio occidental es considerado un espacio de influencia directa de Estados Unidos, una afirmación que ha generado inquietud en varios gobiernos latinoamericanos.
Según el mandatario, tanto la operación para capturar a Maduro como esta nueva doctrina buscan “la paz en el mundo”, aunque analistas internacionales advierten que el discurso refuerza una lógica de intervención que podría desestabilizar aún más la región.
Advertencias a Colombia, México y señales sobre Cuba
En un tono igualmente confrontativo, Trump lanzó advertencias contra Colombia, al sugerir que una operación similar a la ejecutada en Venezuela “sonaría bien” en ese país. Calificó la situación colombiana como “grave” y arremetió contra su presidente, Gustavo Petro, con declaraciones que tensan aún más la relación bilateral.
Sobre México, reiteró que ha ofrecido enviar tropas estadounidenses para combatir a los carteles del narcotráfico, propuesta que —según dijo— la presidenta Claudia Sheinbaum ha rechazado por razones de soberanía. Aun así, insistió en que “algo tiene que hacerse” ante el flujo de drogas hacia Estados Unidos.
En contraste, Trump minimizó la situación de Cuba y aseguró que el gobierno de Miguel Díaz-Canel está “a punto de caer”, principalmente por la pérdida del respaldo económico venezolano.
“Nosotros estamos a cargo”
Al ser interrogado sobre quién gobierna actualmente Venezuela y cómo se daría una eventual transición, Trump respondió sin rodeos: “nosotros estamos a cargo”. También puso en duda la posibilidad de elecciones en el corto plazo, al afirmar que la prioridad es “arreglar” el país antes de pensar en un proceso electoral.
El mandatario volvió a descartar un rol protagónico para la líder opositora María Corina Machado y aseguró que figuras clave de su administración, como el secretario de Estado Marco Rubio y altos mandos de seguridad, asumirán el control de la transición por un periodo indefinido.
Las declaraciones marcan un nuevo capítulo de alta tensión en la relación entre Estados Unidos y América Latina, con Venezuela como epicentro de una estrategia que mezcla presión política, control económico y amenazas militares, y cuyas consecuencias podrían sentirse en toda la región.


