La tensión entre Costa Rica y Panamá escaló este jueves a un nuevo nivel, luego de que el presidente panameño, José Raúl Mulino, ordenara suspender de forma inmediata e indefinida la venta de electricidad a nuestro país.
La medida llega en medio del choque diplomático y comercial por las restricciones que Panamá mantiene desde 2019 contra varios productos costarricenses, entre ellos banano, plátano, carne de res, pollo, cerdo, fresas, lácteos y piña.
El anuncio de Mulino se produjo pocas horas después de que la presidenta Laura Fernández afirmara que su gobierno activará todos los mecanismos disponibles para defender al sector agropecuario nacional frente a lo que considera bloqueos sin sustento legal.
Mulino respondió con dureza y aseguró que las relaciones internacionales deben manejarse con discreción, prudencia y respeto, no desde una conferencia de prensa.
El mandatario panameño también confirmó que Costa Rica había solicitado mayor acceso a energía proveniente de Panamá, pero indicó que, por ahora, esa posibilidad queda descartada.
Según dijo, instruyó a su ministro para comunicarle al ICE que no habrá venta de electricidad a Costa Rica. “Así de sencillo”, expresó.
La decisión no es menor. Costa Rica enfrenta un panorama energético sensible por los efectos asociados al fenómeno de El Niño, que pueden reducir la generación hidroeléctrica y aumentar el riesgo de racionamientos si las reservas bajan más de lo esperado.
El conflicto comercial tampoco es nuevo. Costa Rica llevó el caso ante la Organización Mundial de Comercio, instancia que en 2024 le dio la razón al país. Sin embargo, Panamá apeló el fallo en 2025, por lo que el pulso sigue abierto.
Fernández, por su parte, afirmó que no permitirá que los productores nacionales sigan afectados por restricciones que golpean directamente al agro costarricense. También instruyó al canciller Manuel Tovar para activar una estrategia bilateral y abrir una mesa de trabajo con resultados concretos.
El nuevo capítulo deja la relación entre ambos países en un momento delicado: por un lado, Costa Rica presiona para abrir el mercado panameño a sus productos; por otro, Panamá responde usando la energía como carta de presión en plena época de alta vulnerabilidad eléctrica.


