Expertos explican por qué algunas personas lo logran y otras no, y qué tiene que ver la coordinación del cuerpo
Para muchos, doblar la lengua en forma de U es un simple juego de infancia. Sin embargo, detrás de este gesto hay más de lo que parece. Durante años, se enseñó como un ejemplo clásico de herencia genética, pero hoy la ciencia tiene una visión más completa.
Antes se creía que esta habilidad dependía de un solo gen dominante. Es decir, o se tenía o no, según lo heredado de los padres. No obstante, investigaciones posteriores han demostrado que esa explicación es demasiado simplista.
Actualmente, los especialistas coinciden en que se trata de una capacidad influenciada por múltiples factores. Por un lado, sí existe un componente biológico: la forma y estructura de la lengua, así como la disposición de sus músculos, pueden facilitar o dificultar el movimiento.
La lengua es un órgano altamente complejo, compuesto por varios músculos que deben trabajar de forma coordinada. Para lograr la forma en U, se requiere activar ciertos grupos musculares con precisión, algo que no todas las personas logran de manera natural.
Pero aquí entra otro elemento clave: el aprendizaje. A diferencia de lo que se pensaba antes, algunas personas pueden desarrollar esta habilidad con práctica. Esto indica que el control motor y la coordinación también juegan un papel importante.
De hecho, estudios han mostrado que incluso gemelos con el mismo ADN pueden diferir en esta capacidad, lo que refuerza la idea de que no todo depende de la genética. Factores como la imitación, la práctica y la conciencia corporal influyen más de lo que se creía.
En términos científicos, se habla de un rasgo multifactorial. Esto significa que intervienen varios genes, junto con el entorno y la experiencia individual. Es una combinación entre lo que el cuerpo trae “de fábrica” y lo que aprende con el tiempo.
También se ha observado que no todas las personas que pueden curvar la lengua lo hacen igual. Algunas logran una forma muy marcada, mientras que otras apenas consiguen una ligera curva, lo que evidencia diferencias en el control muscular.
Eso sí, esta habilidad no tiene una función biológica importante. No está relacionada con la supervivencia ni con una ventaja evolutiva. Más bien, es una curiosidad que refleja la diversidad del cuerpo humano.
En el fondo, este pequeño “truco” dice algo interesante: el cuerpo no es solo genética. Muchas capacidades dependen de cómo aprendemos a usarlo. Y en ese equilibrio entre herencia y práctica, incluso un gesto tan simple puede tener más ciencia de la que imaginamos.


