El liderazgo de Kim Jong-un volvió a colocar a Corea del Norte en el centro del debate geopolítico mundial tras revelar un nuevo sistema de armas que, según afirmó, tiene la capacidad de pulverizar objetivos estratégicos en cuestión de segundos.
Desde Pyongyang, en un acto cargado de simbolismo militar, el mandatario aseguró que el desarrollo tecnológico alcanzado por su industria bélica permitiría ejecutar ataques simultáneos y sorpresivos con una potencia concentrada “capaz de reducir al enemigo a cenizas”. En su discurso, difundido por la agencia estatal KCNA, lanzó una advertencia que resonó más allá de la península coreana: cuando esta arma se utilice, “ninguna fuerza podrá esperar la protección de Dios”.

¿Qué características tendría el nuevo sistema?
De acuerdo con lo expuesto por el régimen, se trata de un lanzacohetes múltiple de 600 milímetros con un nivel de precisión comparable al de un misil balístico táctico. La novedad radica, según Pyongyang, en la combinación de potencia destructiva, sistemas de guiado compuesto y asistencia mediante inteligencia artificial.
El diseño permitiría disparos múltiples desde tubos de lanzamiento que actuarían con exactitud milimétrica sobre objetivos previamente designados. En términos prácticos, aunque formalmente es un sistema de cohetes, el propio Kim reconoció que su desempeño se asemeja al de un misil balístico de alta precisión.
El mensaje fue claro: se trata de un arma concebida para “misiones estratégicas especiales”, dentro de una doctrina que apuesta por un contraataque ofensivo integral. Con esta narrativa, el régimen busca proyectar disuasión frente a sus adversarios regionales y reforzar su imagen de autosuficiencia tecnológica.
Un anuncio que no ocurre en el vacío
La presentación del sistema se produce en un momento de fricción sostenida con Corea del Sur. Las relaciones entre ambos gobiernos atraviesan uno de sus puntos más fríos desde 2019, cuando la diplomacia nuclear entre Kim y el entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se desmoronó tras desacuerdos sobre sanciones económicas.
En los últimos meses, Pyongyang ha acusado a Seúl de enviar drones de vigilancia hacia su territorio, una versión que el gobierno surcoreano ha rechazado. No obstante, las autoridades del sur investigan a civiles que habrían operado dispositivos aéreos en zonas cercanas a la frontera.
A esto se suma un cambio doctrinal significativo: Kim abandonó públicamente el histórico discurso de reunificación pacífica y promovió la visión de “dos Estados hostiles” en la península, endureciendo el marco político y militar.
Estrategia de poder y mensaje al exterior
Más allá del componente técnico, el anuncio cumple una función estratégica: reforzar la capacidad de disuasión del régimen en un entorno internacional marcado por conflictos abiertos y reajustes de alianzas.
Corea del Norte ha intensificado en los últimos años sus pruebas de misiles y el perfeccionamiento de sistemas de lanzamiento, buscando demostrar autonomía frente a las sanciones internacionales. La narrativa de que “ningún otro país podrá igualar esta tecnología en los próximos años” apunta a consolidar una imagen de avance propio, pese al aislamiento económico.
El discurso también refuerza la cohesión interna, exaltando a la industria nacional de municiones como símbolo de orgullo y autosuficiencia, un elemento clave dentro de la propaganda estatal.
En un escenario global donde la tensión militar se mantiene alta en distintas regiones, la revelación de este sistema añade un nuevo elemento de presión en Asia oriental y reaviva el debate sobre el equilibrio estratégico en la zona.


