martes, 16 junio 2026
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Los jóvenes están durmiendo cada vez menos y la pantalla del celular en la cama tiene mucho que ver con eso

La generación que no duerme: cómo el celular se convirtió en el peor compañero de cama de los jóvenes

Hay una escena que se repite cada noche en millones de cuartos alrededor del mundo. La luz se apaga, la cabeza toca la almohada y, casi de manera automática, la mano busca el celular. Un video, un mensaje, una historia, otro video. De repente son las dos de la mañana y el cuerpo lleva horas pidiendo descanso mientras los ojos siguen pegados a la pantalla.

Esa rutina, tan cotidiana que casi nadie la cuestiona, está dejando una factura real y medible en la salud de los jóvenes. Varios estudios recientes apuntan en la misma dirección: los hábitos de sueño de la Generación Z, los nacidos aproximadamente entre 1997 y 2012, se han deteriorado de manera preocupante, y las pantallas encendidas en la oscuridad del cuarto son uno de los factores que más pesan en esa caída.

Dormir mal se volvió normal, y ese es el verdadero problema

Hace no tantos años, la televisión era la que marcaba el cierre del día. Se apagaba y con eso venía una señal clara: ya era hora de descansar. Hoy esa frontera desapareció. El celular no se apaga solo, no tiene horario y siempre tiene algo nuevo que mostrar. Las redes sociales, los chats sin responder, los videos que siguen solos, la presión de estar siempre al tanto de todo, han borrado los límites entre el tiempo de vigilia y el tiempo de descanso.

Una experta en sueño consultada por medios latinoamericanos lo describió de una forma que resulta muy reconocible: los jóvenes de hoy se acuestan tarde, duermen mal y amanecen cansados, pero lo han normalizado tanto que ya ni siquiera lo identifican como un problema. Simplemente lo asumen como parte de su vida.

Los números que no dejan dormir tranquilo

Las investigaciones científicas llevan tiempo dando señales de alerta que vale la pena tomarse en serio. Un estudio publicado en la revista Frontiers in Psychiatry encontró que dedicar apenas una hora al celular en la cama eleva en casi un 60% el riesgo de desarrollar insomnio. No hace falta ser un usuario extremo. Con una hora basta para que el cuerpo empiece a pagarlo.

En el caso de los adolescentes, la situación es todavía más grave. Los especialistas en salud infantil recomiendan que los jóvenes duerman entre 8 y 10 horas por noche. A principios de la década pasada, tres de cada cuatro adolescentes cumplían con esa necesidad. Hoy esa proporción se invirtió por completo: apenas uno de cada cuatro duerme lo que su cuerpo requiere. En poco más de una década, el descanso de toda una generación se vino al suelo.

Un estudio realizado en Argentina con más de mil doscientos adolescentes de entre 12 y 18 años mostró que siete de cada diez presentaban somnolencia durante el día y cuatro de cada diez tenían un rendimiento académico por debajo de lo esperado. Dos problemas concretos, medibles, que tienen en el mal sueño uno de sus principales detonantes.

Lo que le pasa al cerebro cuando hay pantalla en la oscuridad

El daño no es solo una cuestión de horas perdidas. Cuando una persona está expuesta a la luz de una pantalla en la oscuridad de su cuarto, el cerebro recibe una señal equivocada: interpreta esa luz, especialmente la de tono azulado que emiten los celulares y tabletas, como si todavía fuera de día. Eso frena la producción de melatonina, que es la hormona que le indica al cuerpo que llegó el momento de bajar la guardia y entrar en descanso. Sin esa señal química, el cerebro simplemente no se prepara para dormir.

A ese efecto físico se suma el psicológico. Desplazarse por noticias, publicaciones perturbadoras o contenido de alta estimulación justo antes de cerrar los ojos activa la ansiedad y genera cadenas de pensamientos que dificultan la desconexión. El cuerpo está acostado pero la mente sigue corriendo.

Y las consecuencias de dormir mal no se quedan en el cansancio del día siguiente. La ciencia ha documentado una relación entre la privación crónica del sueño y un mayor riesgo de desarrollar con el tiempo enfermedades del corazón, alteraciones metabólicas, problemas hormonales y deterioro cognitivo. Lo que empieza como el hábito de revisar el TikTok antes de dormir puede convertirse, años después, en un factor de riesgo para la salud que nadie anticipó.

Una realidad que también se vive en Costa Rica

En el país, como en toda la región, esta tendencia no es ajena. Los jóvenes ticos crecieron con el celular como extensión natural de su vida y las redes sociales como principal espacio de socialización. La presión de no perderse nada, de responder de inmediato, de estar siempre disponibles, empuja hacia los mismos patrones que los estudios describen en otras latitudes.

Los expertos son claros en señalar que el problema no es la tecnología en sí misma sino la ausencia de límites alrededor de su uso, especialmente en las horas previas a dormir. La recomendación que más se repite entre especialistas en sueño es sencilla pero difícil de cumplir para muchos jóvenes: dejar el celular de lado al menos media hora antes de acostarse, darle al cuarto condiciones reales de descanso, oscuridad, silencio, temperatura fresca, y recuperar el sueño como una prioridad y no como el tiempo que sobra después de que las pantallas ya no tienen nada más que ofrecer.

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