sábado, 20 junio 2026
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Investigación internacional compara daño cardíaco por covid y por vacuna Pfizer en niños y adolescentes

Durante los años más intensos de la pandemia, una de las discusiones más frecuentes en hogares y centros médicos giró en torno a la seguridad de las vacunas contra el covid-19 en menores de edad. Un estudio científico reciente vuelve a colocar ese debate en el centro de la conversación, al comparar directamente el impacto que puede tener la infección por coronavirus frente al riesgo de efectos adversos tras recibir la vacuna de Pfizer.

La investigación fue desarrollada por especialistas en epidemiología cardiovascular del Reino Unido, quienes analizaron registros médicos de millones de niños y adolescentes para entender con mayor precisión qué tan frecuentes son los problemas cardíacos asociados tanto a la enfermedad como a la vacunación.

Para realizar el análisis, los científicos revisaron datos sanitarios de 13,8 millones de personas menores de 18 años en Inglaterra. Dentro de ese universo, más de 3,9 millones habían tenido diagnóstico confirmado de covid-19 en algún momento, mientras que más de 3,4 millones de menores entre 5 y 17 años habían recibido al menos una dosis de la vacuna de ARN mensajero desarrollada por Pfizer.

El objetivo era identificar la aparición de afecciones poco comunes pero relevantes para la salud cardiovascular. Entre ellas se incluyeron trombosis arteriales y venosas, trombocitopenia, miocarditis, pericarditis y otros procesos inflamatorios que podrían presentarse después de la infección o tras la vacunación.

Los resultados mostraron que los eventos cardíacos y vasculares aparecieron con mayor frecuencia tras una infección por covid-19 que después de la vacunación. De acuerdo con el estudio, el mayor riesgo se concentró durante la primera semana posterior al diagnóstico de la enfermedad, periodo en el que se observaron más casos de inflamación cardíaca y complicaciones vasculares.

Aunque ese riesgo disminuyó con el paso de las semanas, los investigadores detectaron que algunas afecciones continuaron presentándose con una incidencia superior a la habitual incluso varios meses después de haber contraído el virus. En particular, se observaron casos prolongados de tromboembolismo venoso, trombocitopenia y miocarditis o pericarditis.

En el caso de la vacuna contra el covid desarrollada por Pfizer, el análisis también encontró un incremento temporal del riesgo de miocarditis o pericarditis durante las primeras cuatro semanas posteriores a la aplicación de la dosis. Sin embargo, cuando los especialistas compararon la magnitud del riesgo absoluto, la diferencia fue notable.

El estudio estimó que el exceso de riesgo de miocarditis o pericarditis en los seis meses posteriores a una infección por covid fue de 2,24 casos adicionales por cada 100.000 menores. En contraste, después de la vacunación el aumento fue de 0,85 casos por cada 100.000 personas.

Dicho de otra manera, los datos indican que el riesgo de sufrir estas afecciones cardíacas fue aproximadamente dos veces y media mayor entre los menores que habían padecido la enfermedad que entre quienes recibieron la vacuna.

Para los investigadores, este tipo de evidencia resulta especialmente relevante al momento de diseñar estrategias de salud pública y orientar decisiones sobre programas de vacunación infantil. Según explicaron en su publicación científica, los resultados respaldan el enfoque de utilizar la vacunación como una herramienta para reducir las complicaciones que pueden derivarse de la infección por SARS-CoV-2 en niños y adolescentes.

El estudio también se desarrolló con un enfoque poblacional amplio. Para ello se utilizaron registros electrónicos de salud vinculados de toda Inglaterra, lo que permitió evaluar a prácticamente toda la población menor de edad registrada en el sistema sanitario, con datos detallados sobre edad, sexo y región de residencia.

No obstante, algunos especialistas señalan que es importante interpretar los resultados considerando el contexto en el que se recogieron los datos. La información analizada corresponde principalmente al periodo comprendido entre 2021 y 2022, cuando circulaban variantes del virus distintas a las actuales.

En ese sentido, expertos en pediatría han señalado que las subvariantes de ómicron que se han expandido posteriormente tienden a generar cuadros clínicos menos severos en comparación con las primeras olas de la pandemia, lo que podría modificar el balance de riesgos observado en investigaciones anteriores.

El debate sobre la vacunación contra el covid también ha cambiado en los últimos años. En Estados Unidos, por ejemplo, las ventas de vacunas de Pfizer registraron una disminución cercana al 25% luego de que autoridades sanitarias ajustaran las recomendaciones sobre quiénes deberían recibir dosis de refuerzo.

A la par de esos cambios, algunas figuras políticas han cuestionado públicamente la seguridad de las vacunas de ARN mensajero, lo que ha alimentado una discusión global sobre la conveniencia de mantener campañas de inmunización masiva en poblaciones jóvenes.

Mientras ese debate continúa, estudios epidemiológicos de gran escala como este buscan aportar datos concretos para comprender mejor los efectos reales tanto de la infección como de la vacunación, especialmente en grupos como niños y adolescentes, donde los eventos graves son poco frecuentes pero generan especial preocupación entre las familias.

 

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