Lo que comenzó como un viaje de descanso terminó en una tragedia silenciosa. Una mujer británica de 59 años murió apenas cuatro meses después de regresar de vacaciones, sin imaginar que un contacto aparentemente menor con un animal callejero marcaría su destino.
El caso encendió las alertas de las autoridades sanitarias del Reino Unido y volvió a poner sobre la mesa un riesgo que muchos viajeros subestiman: la rabia sigue siendo una amenaza mortal en varios países del mundo.
Un episodio mínimo que pasó desapercibido
Yvonne Ford, vecina de Barnsley, en el norte de Inglaterra, visitó Marruecos a inicios de 2025. Durante su estadía, sufrió un leve rasguño provocado por un perro callejero. La lesión fue tan superficial que no buscó atención médica ni le dio mayor importancia.
Según relató su familia, en ese momento no hubo dolor significativo ni señales que hicieran pensar en una infección grave. La herida cicatrizó y el viaje continuó con normalidad.
Sin embargo, semanas después de volver a su país, comenzaron los primeros síntomas.
El deterioro fue rápido e irreversible
A mediados de junio, Yvonne empezó a sentirse mal. Al inicio eran dolores de cabeza persistentes, pero en cuestión de días su estado empeoró de forma dramática. Perdió fuerza, tuvo dificultades para caminar y hablar, y finalmente dejó de poder tragar y dormir con normalidad.
Los médicos confirmaron el diagnóstico: rabia. Para ese punto, la enfermedad ya no tenía tratamiento posible.
La mujer falleció poco después, dejando a su familia en estado de shock. “Nunca imaginamos que algo tan pequeño pudiera terminar así”, expresaron en un mensaje público, con la intención de advertir a otras personas.
Por qué la rabia sigue siendo letal
La rabia es una enfermedad viral que se transmite a través de mordeduras, rasguños o el contacto de saliva infectada con heridas abiertas o mucosas. Una vez que aparecen los síntomas neurológicos, la enfermedad es prácticamente mortal en todos los casos.
La clave está en la prevención: el tratamiento posterior a la exposición —que incluye limpieza inmediata de la herida y vacunación— es altamente efectivo si se aplica a tiempo. El problema es que muchas personas no lo hacen porque subestiman la gravedad del contacto.
Advertencia para viajeros internacionales
Tras el caso, la Agencia de Seguridad Sanitaria del Reino Unido aclaró que no existe riesgo para la población general, ya que la rabia no se transmite entre personas. Aun así, como medida preventiva, se ofreció vacunación a personal sanitario y contactos cercanos de la víctima.
Las autoridades sanitarias reiteraron una recomendación clave para quienes viajan a regiones de África y Asia: evitar el contacto con animales callejeros, incluso si no parecen agresivos, y consultar antes del viaje sobre la vacunación preventiva contra la rabia.
También recordaron que, ante cualquier mordedura o rasguño, se debe lavar la herida de inmediato con abundante agua y jabón y buscar atención médica sin demora.
Una muerte que pudo evitarse
En el Reino Unido, la rabia no circula entre animales domésticos ni salvajes desde hace más de un siglo, salvo casos aislados relacionados con murciélagos. Sin embargo, entre 2000 y 2024 se registraron varios contagios humanos vinculados exclusivamente a exposiciones en el extranjero.
La familia de Yvonne fue clara en su mensaje final: una herida mínima no siempre es inofensiva. En países donde la rabia sigue presente, cualquier contacto con animales puede tener consecuencias fatales si no se actúa a tiempo.


