Estados Unidos volvió a mover fichas en el tablero marítimo internacional al anunciar la incautación de dos buques petroleros vinculados al comercio de crudo venezolano, una acción que reafirma la estrategia de presión de Washington sobre Caracas y sus redes de transporte energético.
La operación, confirmada este miércoles por autoridades estadounidenses, se ejecutó en dos escenarios distintos. El primero tuvo lugar en el Atlántico Norte, donde fue retenido el petrolero Marinera, una embarcación que, según el Ejército de EE. UU., fue localizada y seguida por la Guardia Costera hasta su incautación, amparada en una orden emitida por un tribunal federal. El segundo caso se desarrolló en aguas del Caribe, donde fuerzas del Comando Sur interceptaron al buque cisterna M/T Sofia, descrito como parte de una “flota fantasma”, sin bandera reconocida y sujeta a sanciones.
De acuerdo con el Comando Sur, la detención del M/T Sofia se realizó sin incidentes durante una operación antes del amanecer. Las autoridades sostienen que el navío realizaba actividades ilícitas en aguas internacionales y que actualmente es escoltado hacia territorio estadounidense para los procedimientos correspondientes.
El caso del Marinera ha llamado particularmente la atención por su historial. La embarcación, que durante años transportó petróleo venezolano, había sido ubicada recientemente entre Escocia e Islandia. No está claro si llevaba cargamento al momento de su captura. Semanas atrás, el buque era conocido como Bella 1 y navegaba bajo otra bandera. Posteriormente, cambió tanto de nombre como de registro, pasando a enarbolar pabellón ruso, un movimiento que, para expertos en inteligencia marítima, no borra su historial ni las sanciones asociadas.
Especialistas recuerdan que la identidad real de un buque está determinada por su número OMI y su trayectoria operativa, no por el nombre o la bandera que ostente en determinado momento. Desde esta óptica, el cambio de registro puede generar tensiones diplomáticas, pero no impedir acciones legales si existen órdenes judiciales vigentes. Otros analistas advierten, eso sí, que estas maniobras pueden complicar los abordajes bajo las normas de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar.
La incautación se produce en un contexto de mayor confrontación. El mes pasado, el presidente estadounidense Donald Trump ordenó un bloqueo a los petroleros sancionados que entran y salen de Venezuela, una medida que el Gobierno venezolano calificó abiertamente como un acto de “robo”. Antes de la reciente captura de Nicolás Maduro por parte de fuerzas estadounidenses, Trump había acusado de forma reiterada a Caracas de utilizar embarcaciones para el tráfico de drogas hacia Estados Unidos.
La Guardia Costera ya había intentado abordar el entonces Bella 1 semanas atrás en el Caribe, cuando se creía que se dirigía nuevamente a Venezuela. En ese momento existía una orden judicial por presuntas violaciones a las sanciones y por el transporte de petróleo iraní. Tras ese intento, el buque cambió de rumbo, nombre y bandera, en una maniobra que no pasó inadvertida para los servicios de seguimiento marítimo.
Desde Moscú, el Ministerio de Asuntos Exteriores ruso afirmó que sigue la situación “con preocupación” y defendió que la nave operaba bajo bandera rusa conforme al derecho marítimo internacional. También calificó como desproporcionada la presencia y atención militar de Estados Unidos y la OTAN en torno al caso. Funcionarios estadounidenses, por su parte, señalaron que la prioridad era incautar el buque y no hundirlo, evitando una escalada mayor.
Un análisis independiente de imágenes difundidas por medios rusos mostró, a la distancia, una embarcación que coincide con el perfil de un guardacostas clase Legend de la Guardia Costera estadounidense, lo que refuerza la versión oficial sobre el seguimiento previo a la incautación.
El Comando Sur reiteró que mantiene su apoyo a las agencias civiles en la lucha contra actores y buques sancionados que operan en la región, subrayando que las fuerzas marítimas de Estados Unidos permanecen vigilantes y listas para actuar.
Todo esto ocurre apenas días después de la captura de Nicolás Maduro en Caracas, durante una operación estadounidense que incluyó ataques selectivos en la capital venezolana bajo acusaciones relacionadas con armas y narcotráfico. Para analistas internacionales, la sucesión de eventos confirma un endurecimiento sostenido de la política de Washington, con el mar como uno de los principales frentes de presión contra el entramado energético venezolano.


