domingo, 21 junio 2026
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Cuba sin turistas: apagones, vuelos cancelados y hoteles vacíos agravan la crisis en la isla

La postal que durante años vendió Cuba al mundo —playas llenas, calles coloniales repletas de visitantes y hoteles funcionando a tope— hoy luce muy distinta. En La Habana Vieja, comerciantes y guías describen jornadas enteras sin clientes. En Varadero, el principal balneario del país, la temporada alta ya no garantiza ocupación. Y detrás de ese escenario hay una combinación de factores que amenaza uno de los pilares económicos de la isla.

El turismo fue por décadas una de las principales fuentes de divisas para el Estado cubano y para miles de trabajadores privados. Sin embargo, la actividad viene en retroceso desde la pandemia y ahora enfrenta un deterioro más profundo, marcado por la escasez de combustible, apagones y cancelaciones masivas de vuelos.

De cifras récord a caída sostenida

En 2018, Cuba alcanzó un máximo histórico de 4,7 millones de visitantes, con ingresos cercanos a los US$2.800 millones. Pero el panorama cambió drásticamente en los años siguientes. Para 2023, la llegada de turistas se redujo a 2,4 millones, y en 2024 bajó aún más, según reportes recopilados por el Instituto Español de Comercio Exterior.

La tendencia negativa continuó en 2025, cuando la Oficina Nacional de Estadística e Información reportó apenas 1,8 millones de visitantes internacionales, una contracción cercana al 18%.

La crisis energética golpea el corazón del turismo

El declive actual no puede entenderse sin el contexto energético. Cuba perdió recientemente a su principal proveedor de petróleo tras la captura del expresidente venezolano Nicolás Maduro, cuyo gobierno enviaba combustible a la isla. A esto se sumaron advertencias de Estados Unidos sobre posibles aranceles a países que suministraran energía a Cuba.

El resultado fue una tormenta perfecta: falta de gasolina, racionamientos eléctricos y, más recientemente, escasez de queroseno de aviación Jet A1, esencial para las operaciones aéreas.

La suspensión de rutas por parte de aerolíneas canadienses y rusas —dos de los principales mercados emisores— provocó la cancelación de más de 1.700 vuelos hasta abril, según datos de la firma Cirium. Aunque compañías europeas como Iberia y Air Europa mantienen operaciones, algunas han debido realizar escalas técnicas fuera de Cuba para repostar combustible.

Hoteles a media máquina

Las cadenas hoteleras también ajustan operaciones. La española Meliá Hotels International reconoció la compactación temporal de algunas instalaciones ante la baja ocupación y limitaciones en suministros. Por su parte, NH Hotel Group anunció el cierre de todos sus hoteles en la isla.

Paradójicamente, durante años el gobierno priorizó la construcción de nuevos complejos turísticos de alto estándar, aun cuando la ocupación promedio rondaba el 30%. Analistas señalan que esa estrategia dejó en segundo plano la modernización del sistema eléctrico y la infraestructura productiva.

Impacto en la vida diaria

La crisis turística no es solo un asunto de estadísticas. Más de 300.000 cubanos dependen directamente de esta industria. Muchos trabajaban en restaurantes, casas de hospedaje o como guías. Hoy enfrentan jornadas sin clientes y dificultades para trasladarse por la falta de transporte.

Además, la reducción de vuelos pone en riesgo un flujo vital: las remesas que llegan en efectivo con viajeros. Desde que Western Union suspendió operaciones en la isla en 2020, gran parte del dinero enviado por familiares en el extranjero llega por vías informales, transportado por pasajeros.

Sin vuelos frecuentes, también se limita la entrada de medicamentos y artículos básicos que suelen traer quienes visitan el país.

Un escenario político tenso

El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, ha responsabilizado a Washington por el agravamiento de la situación, señalando que el embargo impuesto desde 1962 sigue asfixiando la economía. Desde Estados Unidos, la política hacia Cuba se endureció tras el desmantelamiento del acercamiento impulsado en la era de Barack Obama y el retorno de restricciones durante la administración de Donald Trump.

En medio de esa tensión, la economía cubana enfrenta escasez de divisas, dificultades para importar alimentos y medicinas, y una infraestructura energética obsoleta.

¿Un punto de no retorno?

Expertos advierten que un colapso total del turismo tendría consecuencias severas para la estabilidad económica del país. Sin dólares frescos, el margen de maniobra del gobierno se reduce aún más.

Mientras tanto, en calles que antes vibraban con música y visitantes extranjeros, ahora predominan los locales haciendo filas para conseguir combustible o alimentos. La imagen de una Habana bulliciosa se desvanece, y el futuro inmediato del turismo cubano luce incierto.

Para muchos trabajadores del sector, la decisión ha sido emigrar. Otros resisten, esperando que la industria que alguna vez sostuvo buena parte de la economía vuelva a levantarse. Pero hoy, el motor turístico de la isla opera con el tanque casi vacío.

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