En Beal City, Michigan, un pequeño pueblo donde casi nunca pasaba nada, se desató en 2020 una pesadilla que conmocionó a toda la comunidad. Lauryn Licari, de apenas 14 años, comenzó a recibir mensajes de texto anónimos cargados de agresividad y hostigamiento.
Al inicio, los textos buscaban destruir su relación con Owen McKenny, su novio de la secundaria, con frases como “él ya no te quiere” o “te va a dejar por otra”. Pero pronto la situación escaló: Lauryn pasó a recibir hasta 50 mensajes diarios con insultos, amenazas, insinuaciones sexuales e incluso incitaciones al suicidio.
La tensión fue tal que la escuela y las familias se involucraron en la investigación. Incluso la madre de la víctima, Kendra Licari, que además era entrenadora de básquet en el colegio, trabajaba codo a codo con otros padres para descubrir quién estaba detrás de aquel acoso sistemático.
Una investigación que apuntaba a todos, menos a ella
Las sospechas iniciales recayeron en compañeras de Lauryn e incluso en familiares de Owen. Nadie estaba a salvo de los señalamientos. Pero la policía del condado de Isabella no lograba dar con el responsable: el acosador usaba números de teléfono temporales, aplicaciones con direcciones falsas e incluso redes privadas.
Desesperados, los investigadores pidieron apoyo al FBI. Fue entonces cuando un analista detectó un detalle inesperado: las direcciones IP de los mensajes conducían a dispositivos dentro de la casa de la propia familia Licari.
En diciembre de 2022, el sheriff Mike Main llegó con una orden de registro. Frente a las pruebas, Kendra no pudo sostener la mentira: confesó que había creado perfiles falsos para acosar a su hija y al novio de esta durante casi dos años.
El desenlace judicial
La noticia sacudió a todo el país. Kendra fue imputada por acoso a menores, uso indebido de computadoras y obstrucción de la Justicia. Finalmente, en abril de 2023, un tribunal la condenó a 19 meses de prisión por el acoso a Owen y cinco años por el hostigamiento a Lauryn. Además, perdió la custodia de su hija y fue destituida de su cargo en la escuela.
Licari estuvo presa hasta agosto de 2024 y salió bajo libertad condicional. Tiene prohibido abandonar Michigan y acercarse a su hija. Tras su liberación, admitió sentirse “decepcionada” consigo misma y expresó su deseo de reparar el daño.
Las secuelas emocionales
El impacto en la familia fue devastador. Shawn Licari, el padre de Lauryn, obtuvo la custodia exclusiva y se separó definitivamente de Kendra. La adolescente, hoy con 17 años, declaró que no sabe si podrá volver a confiar en su madre.
Especialistas describieron el caso como una “versión digital del síndrome de Munchausen por poder”, donde un adulto provoca daño a un menor para mantenerlo dependiente.
Lauryn, en cambio, eligió transformar el dolor en un propósito: quiere estudiar criminología y hoy mantiene una relación muy cercana con su padre. Su historia fue llevada a la pantalla por Netflix en el documental Unknown Number: The High School Catfish, que reconstruye paso a paso el engaño y la investigación.


