El gobierno del presidente Javier Milei ha dado señales claras de querer acercarse a Occidente, en lo diplomático, económico y cultural. Y en ese nuevo mapa de relaciones exteriores, el vínculo con Reino Unido ha cobrado especial atención, particularmente por el tema que por décadas ha marcado una herida profunda: las Islas Malvinas.
Para muchos argentinos, ese giro no es del todo sorpresivo. “Culturalmente, el argentino promedio se siente parte de Occidente. Nuestra historia y nuestras raíces están marcadas por fuertes lazos con Europa”, explica la historiadora Graciela Iglesias-Rogers, especialista en relaciones angloargentinas.
Sin embargo, la experta señala que lo importante no es tanto el deseo de acercamiento, sino cómo se estructura ese acercamiento. “La clave está en los términos. ¿Cómo se llega a una reconciliación con Gran Bretaña sin negar lo que ocurrió?”, se pregunta.
Diálogo sin conflicto, pero sin olvido
En una entrevista con la BBC en mayo de 2024, el propio Milei reconoció que actualmente las Malvinas están “en manos del Reino Unido”, pero aseguró que su gobierno no abandonará el reclamo histórico de soberanía. Eso sí, dejó claro que no buscará enfrentamientos y que cualquier intento de recuperación será “por la vía democrática”, aunque tome décadas.
“Argentina no va a renunciar a su soberanía, pero tampoco busca el conflicto”, dijo entonces el mandatario.
La historiadora Iglesias-Rogers considera que esa posición genera opiniones divididas entre los ciudadanos. Algunos apoyan una postura más realista y enfocada en la diplomacia. Otros temen que se esté perdiendo firmeza frente a una causa nacional profundamente arraigada.
“Lo que los argentinos no van a aceptar, bajo ninguna circunstancia, es la idea de que el conflicto no existe. Negar su existencia sería una forma de borrar la historia y la memoria colectiva”, puntualiza la historiadora.
Un vínculo con historia compartida (y olvidada)
Más allá del enfrentamiento militar de 1982, Iglesias-Rogers recuerda que Argentina y Reino Unido tuvieron durante décadas una relación muy estrecha, marcada por flujos migratorios, comercio y colaboración científica. “Fue una historia compartida que con el tiempo se desdibujó. Volver a conocer ese pasado puede ayudar a enfriar tensiones”, afirma.
Como parte de ese nuevo clima diplomático, algunos sectores plantean que uno de los primeros pasos hacia una relación más fluida sería el levantamiento del embargo militar que el Reino Unido mantiene sobre Argentina desde la guerra.
Para Iglesias-Rogers, ese embargo “ya no tiene sentido”, pues en la práctica no impide que Argentina acceda a tecnología militar si así lo desea. “Si Argentina realmente quiere armamento, lo va a conseguir en otro lado. Incluso podría comprárselo a China o a Rusia”, advierte.
¿Un nuevo capítulo en la historia bilateral?
El camino hacia una reconciliación real entre Buenos Aires y Londres no será rápido ni sencillo. A pesar de los gestos de acercamiento, las heridas de la guerra siguen abiertas, y el reclamo de soberanía sobre las islas continúa siendo un punto no negociable para la mayoría de los argentinos.
Sin embargo, voces como la de Iglesias-Rogers insisten en que el diálogo —basado en el conocimiento mutuo y el respeto histórico— puede ser una herramienta poderosa para reconstruir vínculos.
Desde una perspectiva costarricense, donde las soluciones pacíficas y la diplomacia son pilares de la política exterior, el proceso argentino invita a reflexionar sobre cómo los países pueden abordar conflictos históricos sin renunciar a sus principios, pero apostando al entendimiento y la memoria.


