sábado, 18 julio 2026
- Publicidad -

Murió virgen a los 85 años para no ‘manchar’ el apellido de su padre

La vida de Stana Cerovic, conocida como la última virgen juramentada de Montenegro, ha captado la atención del público en estos días, reviviendo una tradición ancestral de las tierras eslavas.

Nacida en el territorio que hoy comprende Montenegro, en la primera mitad del siglo XX, Stana fue testigo de la transformación de Yugoslavia en siete naciones independientes. Su vida estuvo marcada por una antigua costumbre: en ausencia de hermanos varones, una de las hermanas, generalmente la más joven, asumía el rol social del hombre. Desde la infancia, Stana fue forzada a adoptar hábitos, apariencia y comportamientos masculinos.

La tragedia de perder a sus hermanos varones desde temprana edad la llevó a asumir un juramento de celibato para «salvar» el apellido familiar y preservar su linaje. Esta práctica, conocida como las ‘Burrneshasor’ o ‘vírgenes prometidas’, era común en algunas comunidades de los Balcanes durante el siglo XX.

A lo largo de su vida, Stana se dedicó a las labores propias de un hombre según la tradición de su región. Su compromiso con el celibato la llevó a vivir como granjera, encargándose del hogar y asumiendo responsabilidades típicamente masculinas.

A pesar de su singularidad, la historia de Stana refleja una realidad más amplia de mujeres que, por circunstancias familiares, adoptaron roles masculinos en sociedades patriarcales. Esta transformación le otorgó ciertos privilegios reservados a los hombres de la época, como el acceso a espacios públicos y derechos cívicos.

Con la disolución de Yugoslavia y la independencia de Montenegro, Stana falleció a los 85 años, dejando un legado que resalta la complejidad de las normas de género y la resiliencia de las mujeres en contextos tradicionales.

Articulos de su interés
- Publicidad -

Lo Más Leido

- Publicidad -

Lo Más Reciente