La familia real de Tailandia atraviesa uno de sus momentos más delicados tras confirmarse el fallecimiento de la princesa Bajrakitiyabha Mahidol, conocida popularmente como “Bha”, quien murió a los 47 años después de permanecer hospitalizada durante más de tres años debido a graves complicaciones de salud.
La noticia fue comunicada oficialmente por la Casa Real tailandesa, que informó que la hija mayor del rey Maha Vajiralongkorn falleció el jueves en el Hospital Chulalongkorn de Bangkok, donde recibía atención médica especializada desde diciembre de 2022.
Una emergencia médica que cambió el rumbo de la monarquía
La situación de la princesa comenzó el 14 de diciembre de 2022, cuando sufrió un colapso mientras participaba en una sesión de entrenamiento de perros en la provincia de Nakhon Ratchasima, ubicada al noreste de la capital tailandesa.
Tras perder el conocimiento, fue trasladada de urgencia a un centro médico, donde los especialistas detectaron una compleja afección cardíaca asociada a una infección bacteriana que provocó inflamación del músculo cardíaco y alteraciones severas en el ritmo del corazón.
Desde entonces, la integrante de la familia real permaneció internada bajo observación permanente. Durante los siguientes meses, la Casa Real emitió varios informes médicos sobre su evolución, aunque con el paso del tiempo su condición fue deteriorándose progresivamente.
Los problemas de salud se agravaron en los últimos meses
De acuerdo con la información oficial, durante este año la princesa enfrentó nuevas complicaciones derivadas de una severa infección abdominal relacionada con una inflamación del intestino grueso.
Los médicos también reportaron episodios de presión arterial baja, arritmias cardíacas y trastornos en la coagulación sanguínea, condiciones que complicaron aún más su recuperación.
Pese a los esfuerzos del equipo médico y los tratamientos aplicados durante más de 41 meses, las autoridades reales confirmaron que su estado se agravó de manera irreversible hasta producirse su fallecimiento.
Una figura con peso dentro de la Casa Real
La princesa Bajrakitiyabha ocupaba una posición relevante dentro de la monarquía tailandesa. Nació el 7 de diciembre de 1978 y fue la única hija del primer matrimonio del actual rey Vajiralongkorn con la princesa Soamsawali.
Con el paso de los años construyó una destacada carrera académica y profesional. Obtuvo un doctorado en Derecho en la Universidad de Chicago, en Estados Unidos, y desarrolló labores diplomáticas y jurídicas tanto dentro como fuera de Tailandia.
Entre sus responsabilidades internacionales destacó su papel como embajadora de Tailandia en Austria y su participación en diversos organismos vinculados a las Naciones Unidas, incluyendo iniciativas relacionadas con los derechos de las mujeres, la justicia y la lucha contra el crimen organizado.
Su nombre apareció entre las posibles sucesoras al trono
Tras la llegada de su padre al trono en 2016, la princesa comenzó a asumir una presencia más visible en ceremonias oficiales y actos institucionales, lo que generó constantes especulaciones sobre un eventual papel sucesorio dentro de la Corona.
Aunque nunca fue designada formalmente como heredera, numerosos analistas de la política tailandesa la consideraban una de las figuras con mayor preparación y prestigio dentro de la familia real.
Su perfil contrastaba con el de otros miembros de la monarquía debido a su formación académica, su experiencia diplomática y su vida privada discreta.
Tailandia prepara ceremonias de Estado
La Casa Real anunció que los restos de la princesa serán trasladados al Gran Palacio de Bangkok, donde se desarrollarán los rituales funerarios conforme a las tradiciones de la realeza tailandesa.
El rey Vajiralongkorn ordenó que las ceremonias se realicen con los máximos honores reservados para los integrantes de mayor rango de la familia real, en un país donde la monarquía continúa desempeñando un papel central en la vida política, cultural y social.
La muerte de la princesa Bajrakitiyabha marca el fin de una larga incertidumbre sobre su estado de salud y representa una pérdida significativa para una de las instituciones más influyentes del sudeste asiático.


