La respiración, un celular y la calma: las horas que mantuvieron con vida a una joven atrapada bajo un edificio en Venezuela
Mientras el ruido de maquinaria pesada y los gritos de rescatistas llenaban las calles destruidas de La Guaira, bajo varias toneladas de concreto una joven permanecía inmóvil, esperando una oportunidad para volver a ver la luz.
Durante casi dos días, Andrea Canónico, de 23 años, sobrevivió atrapada entre los restos de un edificio colapsado por los terremotos que sacudieron Venezuela. En medio de la oscuridad, el polvo y la incertidumbre, tomó una decisión que, según cuenta, fue clave para resistir: mantener el control y evitar el pánico.
«Lo principal fue no desesperarme», relató la joven tras ser rescatada.
La emergencia ocurre en medio de uno de los episodios sísmicos más devastadores registrados recientemente en el país, una tragedia que ha dejado miles de víctimas, edificios destruidos y una carrera contrarreloj para localizar sobrevivientes.
Una lucha silenciosa bajo toneladas de concreto
Andrea explicó que, pese a quedar sepultada entre escombros, logró permanecer en un pequeño espacio que le permitía mantenerse sentada.
Sobre ella descansaban varios metros de concreto y restos de estructuras derrumbadas, pero dentro de ese reducido lugar intentó conservar energía y controlar su respiración.
La joven recordó que decidió mantener la calma desde los primeros minutos.
Según contó, entendió que agitarse o entrar en pánico podía complicar aún más su situación, por lo que procuró respirar lentamente y administrar sus fuerzas mientras esperaba ayuda.
Además de esa tranquilidad, hubo otro elemento que terminó acompañándola durante las largas horas de encierro: su teléfono celular.
Aunque las comunicaciones eran limitadas, el dispositivo le permitió saber la hora y usar la luz de la pantalla para orientarse en la oscuridad.
En medio de la espera, Andrea también logró establecer comunicación con otra persona atrapada en una zona cercana. Ese hombre fue rescatado antes y posteriormente informó a los equipos de emergencia que había alguien más esperando ayuda bajo la estructura.
El camino hacia la salida
La operación de rescate avanzó poco a poco entre estructuras inestables y espacios reducidos.
Andrea relató que aprovechó un pequeño espacio entre muebles y restos de construcción para avanzar hacia una abertura creada por los rescatistas.
Con esfuerzo logró escalar entre los escombros hasta acercarse a los equipos de emergencia, quienes terminaron ayudándola a salir.
Al ser rescatada presentaba lesiones en sus brazos y otras afectaciones provocadas por el tiempo que permaneció atrapada.
Sin embargo, la angustia para ella no terminó con su salida.
La joven asegura que todavía mantiene la esperanza de que otros familiares también puedan sobrevivir. Entre ellos se encuentran su hermano de 20 años y una tía de 91, quienes permanecían desaparecidos.
«El Topo»: el voluntario que busca sobrevivientes entre ruinas
Entre quienes participan en las operaciones también sobresale la historia de Moisés Faramaya, un voluntario de 26 años conocido entre los rescatistas como «El Topo».
El joven afirma haber participado en el rescate de múltiples personas con vida y también en la recuperación de víctimas.
Su apodo surgió por la habilidad que desarrolló durante años trabajando en minas en El Callao, una zona reconocida por su actividad minera.
Su experiencia excavando en espacios reducidos lo convirtió en una pieza importante dentro de las operaciones de rescate.
Con herramientas básicas y jornadas prácticamente sin descanso, asegura que trabaja entre polvo, estructuras inestables y escenarios emocionalmente difíciles.
Esperanza y angustia siguen marcando la búsqueda
En distintos puntos de La Guaira, familiares permanecen cerca de los edificios derrumbados esperando noticias de personas desaparecidas.
En algunos casos, rastros detectados por escáneres especializados y perros entrenados han permitido reactivar operaciones que inicialmente parecían descartadas.
Sin embargo, las horas siguen pasando y cada día representa un nuevo desafío para quienes continúan buscando señales de vida entre toneladas de concreto.


