El líder de Hezbolá, Hasan Nasralá, calificó los recientes ataques con explosivos en equipos de comunicación del grupo como un «duro golpe» y una «declaración de guerra» por parte de Israel. Las explosiones, ocurridas el martes y miércoles, resultaron en al menos 37 muertes y alrededor de 3.000 heridos, según el ministerio de Salud libanés.
En su declaración televisada, Nasralá prometió que Israel enfrentará «duras represalias» y un «justo castigo», tanto en lugares esperados como inesperados. La tensión escaló cuando aviones israelíes sobrevolaron Beirut rompiendo la barrera del sonido, mientras que el ejército israelí bombardeaba lanzaderas de cohetes y otras infraestructuras de Hezbolá en el sur del Líbano. El ejército israelí también reportó la muerte de dos soldados en combates cerca de la frontera.
El ministro israelí de Defensa, Yoav Gallant, indicó que el foco de la guerra con el grupo palestino Hamás se está moviendo hacia el norte, cerca de la frontera con Líbano. Este conflicto, que comenzó en Gaza en octubre de 2023 tras un ataque de Hamás, ha provocado combates casi diarios entre las fuerzas israelíes y Hezbolá.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, mencionó que una de las prioridades de su gobierno es el retorno de los desplazados en el norte de Israel, algo que Nasralá aseguró que no se cumplirá mientras persista la agresión israelí en Gaza.
En respuesta a la escalada, el primer ministro libanés, Najib Mikati, pidió a la ONU una postura firme para detener los ataques israelíes y la «guerra tecnológica» contra Líbano. Mientras tanto, el presidente estadounidense, Joe Biden, expresó su optimismo sobre una posible solución diplomática al conflicto, y el secretario de Estado Antony Blinken urgió a una desescalada para evitar una mayor escalada en la región.
El conflicto en Gaza ha resultado en la muerte de al menos 41.272 palestinos y ha dejado 97 rehenes israelíes aún cautivos en Gaza, según datos oficiales.


