Las infecciones de transmisión sexual (ITS) siguen en aumento en todo el mundo y se han convertido en un desafío cada vez más complejo para los sistemas de salud. El principal problema no es solo su expansión, sino el hecho de que muchas de estas infecciones pasan desapercibidas porque sus síntomas suelen confundirse con padecimientos comunes, desde infecciones urinarias hasta problemas dermatológicos.
De acuerdo con especialistas en medicina interna, una gran proporción de las ITS no presenta señales claras en sus etapas iniciales. Cuando aparecen molestias, estas suelen ser tan leves o inespecíficas que tanto pacientes como profesionales de salud las atribuyen a cuadros frecuentes como candidiasis, vaginosis, alergias cutáneas o irritaciones genitales, retrasando así el diagnóstico y el tratamiento oportuno.
El doctor Pablo Ryan Murúa, internista y experto en ITS del Hospital Universitario Infanta Leonor, advierte que esta confusión clínica es uno de los factores que más contribuye a la propagación silenciosa de estas infecciones. Según explica, clamidia, gonorrea y sífilis encabezan actualmente los registros de notificación, con cifras que se han disparado de forma sostenida en la última década. Solo en 2024 se reportaron más de 90.000 casos combinados, una señal clara de que se trata de un problema de salud pública en expansión.
En la práctica clínica, la clamidia y la gonorrea suelen pasar inadvertidas, especialmente en mujeres, quienes pueden no presentar síntomas o experimentar molestias mínimas. En hombres, los signos pueden interpretarse como inflamaciones leves de la uretra o la próstata. A esto se suma que lesiones asociadas al virus del papiloma humano o al herpes frecuentemente se confunden con eccemas, foliculitis o pequeños quistes benignos.
“La dificultad radica en que las ITS pueden imitar múltiples enfermedades urogenitales y dermatológicas”, señala el especialista. Por esta razón, insiste en la importancia de realizar una historia sexual detallada durante la consulta médica, ya que esta información es clave para orientar el diagnóstico y evitar errores que retrasen el abordaje adecuado.
Un caso particularmente complejo es el de la sífilis, conocida históricamente como “la gran imitadora”. En su fase inicial puede manifestarse con una úlcera indolora que pasa desapercibida o se confunde con una herida menor. Más adelante, las erupciones cutáneas pueden parecer alergias, psoriasis u otras afecciones de la piel, lo que aumenta el riesgo de diagnósticos equivocados y tratamientos tardíos.
Entre los síntomas más comunes de las ITS se encuentran el flujo genital anormal, ardor al orinar, verrugas o úlceras en los genitales, dolor pélvico y ganglios inflamados. Sin embargo, el doctor Ryan Murúa recalca que muchas infecciones se transmiten sin causar síntomas visibles, especialmente en mujeres, lo que favorece una cadena de contagio sin detección.
Este fenómeno, conocido como transmisión silenciosa, se ve reforzado por factores sociales como el menor uso del preservativo, el aumento del número de parejas sexuales, los cambios en las dinámicas de relación y una educación sexual insuficiente. Además, los médicos han detectado un crecimiento de casos en personas mayores, donde influye una menor percepción del riesgo y la continuidad de una vida sexual activa sin protección.
En cuanto al diagnóstico, las pruebas de laboratorio juegan un papel fundamental. Las técnicas de PCR permiten detectar con alta precisión infecciones como la clamidia y la gonorrea, mientras que los análisis de sangre son indispensables para identificar sífilis, VIH y hepatitis. En el caso de la gonorrea, los cultivos siguen siendo clave para estudiar la resistencia a los antibióticos, un problema cada vez más preocupante.
Las guías médicas recomiendan realizar cribados periódicos incluso en personas sin síntomas, especialmente en jóvenes sexualmente activos, personas con múltiples parejas, trabajadores sexuales, usuarios de profilaxis preexposición contra el VIH y mujeres embarazadas, con el fin de prevenir complicaciones y frenar la transmisión.
Para los especialistas, el mensaje es claro: la ausencia de síntomas no equivale a ausencia de infección. Reconocer que muchas ITS se disfrazan de enfermedades comunes es un paso esencial para mejorar la detección temprana, proteger la salud individual y reducir el impacto de estas infecciones en la sociedad.


