Durante décadas se ha repetido que la lotería es un juego dominado por el azar. Sin embargo, la historia de Stefan Mandel demuestra que, bajo ciertas condiciones, los números pueden imponerse a la suerte. Este economista rumano logró lo impensable: acertar el premio mayor en 14 ocasiones utilizando un enfoque matemático que terminó obligando a cambiar leyes en varios países.
Cuando las probabilidades se convierten en oportunidad
Lejos de confiar en corazonadas, Mandel se dedicó a estudiar la estructura interna de los sorteos. Analizó cómo funcionaban las combinaciones posibles y detectó un punto clave: en algunos juegos, el premio acumulado podía superar el costo total de comprar todas las combinaciones existentes. Ahí fue donde encontró la grieta del sistema.
En una de las loterías que estudió, era necesario elegir seis números dentro de un rango específico. Eso generaba poco más de 3,8 millones de combinaciones. Mandel calculó que, si el premio superaba ampliamente ese monto y se lograba financiar la compra masiva de boletos, la ganancia estaba prácticamente asegurada.
El método que cambió las reglas del juego
Su estrategia, conocida como “condensación combinatoria”, no buscaba adivinar números, sino cubrirlos todos. El problema no era matemático, sino logístico y financiero. Para resolverlo, Mandel creó sindicatos de inversionistas que aportaban capital para imprimir miles —y luego millones— de boletos.
Este modelo colectivo permitió distribuir el riesgo y multiplicar las opciones de éxito. Así llegó su primer gran golpe en Europa, donde ganó una suma que, para la época, resultaba enorme y le permitió salir de Rumania en plena era comunista.
De Europa a Oceanía y Estados Unidos
Tras establecerse en Australia, Mandel profesionalizó su operación. Fundó empresas y fideicomisos especializados en juegos de azar, con los que captó fondos de inversionistas atraídos por la promesa de retornos casi seguros.
El sistema se repitió en distintos países, incluyendo loterías de Estados Unidos, donde afinó aún más su análisis: solo participaba cuando el premio acumulado justificaba la inversión total. Con ese criterio, sumó victoria tras victoria hasta alcanzar 14 premios mayores.
El contraataque de las loterías
El éxito no pasó desapercibido. A inicios de los años noventa, las organizaciones de lotería comenzaron a notar patrones inusuales: compras masivas, boletos generados por computadora y premios que siempre caían en los mismos grupos. Aunque el método no violaba leyes vigentes, sí evidenciaba una falla estructural.
Las autoridades reaccionaron endureciendo las reglas: se limitaron las compras al por mayor y se prohibieron sistemas automatizados. Mandel enfrentó procesos judiciales extensos, pero finalmente fue absuelto. Aun así, los cambios legales cerraron definitivamente la puerta a estrategias como la suya.
El retiro del hombre que desafió al azar
Con el tiempo, los conflictos con inversionistas y las nuevas regulaciones afectaron su modelo de negocio. En 1995 se declaró en bancarrota y se alejó del foco mediático. Hoy vive retirado en Vanuatu, convertido en una figura casi legendaria para quienes ven en las matemáticas algo más que números en un papel.
La historia de Mandel sigue siendo una referencia obligatoria cada vez que se discute si la suerte es realmente la única protagonista en los juegos de azar.


