Aunque forman parte de la dieta diaria de millones de personas, los huevos siguen rodeados de creencias que influyen en la decisión de compra. Una de las más extendidas tiene que ver con el color de la cáscara. En supermercados y ferias es común encontrar huevos blancos y marrones con precios distintos, lo que lleva a muchos consumidores a pensar que existe una diferencia sustancial en calidad o valor nutricional.
Sin embargo, la ciencia es clara: el color no determina ni el sabor ni el aporte nutricional. La principal diferencia entre ambos tipos de huevo está en la genética de la gallina que los produce.
Diversos estudios y reportes especializados, entre ellos información divulgada por Europa Press, explican que las gallinas de plumaje claro y lóbulos auriculares blancos suelen poner huevos de cáscara blanca. En cambio, las razas de plumaje rojizo o marrón producen huevos con tonalidades más oscuras. Se trata de una característica hereditaria que no modifica el contenido interno del alimento.
Desde el punto de vista nutricional, no hay diferencias relevantes cuando ambos provienen de sistemas de producción similares. Tanto los huevos blancos como los marrones aportan proteínas de alto valor biológico, vitaminas A, D y del complejo B, además de minerales como hierro y fósforo. Es decir, en términos de nutrientes, son equivalentes.
Entonces, ¿por qué a veces los marrones son más caros? La explicación está en el costo de producción. Las gallinas que ponen huevos marrones suelen ser de mayor tamaño y, por lo tanto, consumen más alimento. Ese mayor gasto se traslada al precio final. No responde a que el producto sea “más natural” o “más casero”, aunque en algunos mercados exista esa percepción cultural.
Otro aspecto que suele generar confusión es el color de la yema. Este sí puede variar, pero no por el color de la cáscara, sino por la alimentación del ave. Dietas ricas en maíz o en vegetales verdes tienden a producir yemas de tonalidad más intensa. Asimismo, la frescura del huevo, el estado de la cáscara y su adecuada refrigeración son factores mucho más determinantes para la calidad que el color externo.
En definitiva, elegir huevos blancos o marrones es una cuestión de preferencia o disponibilidad. Ambos ofrecen los mismos beneficios cuando provienen de condiciones de crianza comparables. Más allá del tono de la cáscara, lo que realmente importa es la procedencia, la frescura y el manejo adecuado del producto antes de llegar a la mesa.


