Bajar unas gradas es, para la mayoría de personas, un movimiento automático que se hace sin pensarlo demasiado. Sin embargo, cuando ese gesto cotidiano empieza a generar inseguridad, dudas o torpeza sin una causa física clara, podría tratarse de algo más que simple cansancio o “achaques” de la edad. Especialistas en salud advierten que ciertos cambios al subir o bajar escaleras pueden ser una de las primeras señales de un deterioro cognitivo en desarrollo.
Durante años, la demencia se ha asociado casi exclusivamente con los olvidos, la confusión o los cambios de personalidad. No obstante, la evidencia médica más reciente apunta a que el cerebro puede empezar a fallar de maneras más sutiles, incluso antes de que la memoria dé señales claras. Una de ellas se manifiesta en la forma de caminar y en la relación del cuerpo con el espacio.
Un cambio que suele pasar desapercibido
Algunas personas comienzan a bajar las escaleras con más cuidado del habitual, levantan menos los pies o necesitan detenerse para “medir” cada escalón. En otros casos, aparece una marcha arrastrada o una sensación constante de inseguridad, como si el cuerpo no respondiera con la misma precisión de antes.
Este tipo de dificultad no siempre está relacionada con problemas musculares, articulares o de equilibrio. Según expertos, puede tener un origen neurológico, vinculado a alteraciones en las habilidades visuoespaciales: aquellas que permiten calcular distancias, profundidades y posiciones en el entorno.
Cuando el cerebro pierde eficiencia para procesar esa información, acciones tan comunes como usar escaleras dejan de ser automáticas y requieren un esfuerzo consciente. El resultado es una marcha más lenta, insegura y propensa a tropiezos.
Qué dicen los especialistas
Centros médicos de referencia internacional, como la Clínica Mayo, han señalado que las funciones visuoespaciales pueden verse afectadas en etapas tempranas de la demencia. Esto explica por qué algunas personas presentan dificultades prácticas antes de notar fallos evidentes de memoria.
Desde Europa, instituciones especializadas en Alzheimer han descrito un patrón frecuente: el deslizamiento de los pies en lugar de levantarlos al caminar por desniveles, una falta de coordinación que se vuelve más evidente en las escaleras. Este cambio suele confundirse con envejecimiento normal, lo que retrasa la consulta médica.
Investigaciones recientes desarrolladas por equipos asociados a la Universidad de Harvard reforzaron esta observación. Los estudios indican que ciertas alteraciones en la forma de caminar pueden aparecer años antes de un diagnóstico formal de demencia, convirtiéndose en una señal temprana de alerta.
Por qué es importante prestar atención
En Costa Rica, donde muchas viviendas aún tienen gradas internas o accesos con desniveles, este tipo de cambio no solo puede reflejar un problema de salud, sino también aumentar el riesgo de caídas y lesiones. Reconocer la señal a tiempo permite actuar de manera preventiva.
La Alzheimer’s Association incluye la dificultad para realizar tareas habituales dentro de las principales advertencias de deterioro cognitivo. Cuando una persona que antes se movía con soltura ahora duda al bajar escaleras o pierde confianza en sus pasos, el cambio no debería ignorarse.
Qué hacer ante esta situación
Los especialistas recomiendan observar si esta dificultad se acompaña de otros signos, como problemas de atención, desorientación o cambios en el comportamiento. De ser así, lo más prudente es buscar una valoración médica para descartar otras causas y, si corresponde, iniciar un seguimiento oportuno.
Mientras tanto, adaptar el entorno es clave. Mejorar la iluminación, asegurar pasamanos firmes, marcar bien los bordes de los escalones y eliminar superficies resbalosas puede reducir el riesgo de accidentes, especialmente en personas adultas mayores.
Más allá del temor que genera la palabra demencia, los expertos insisten en que detectar estas señales no es motivo de alarma, sino de cuidado. A veces, el cuerpo empieza a hablar mucho antes que la memoria, y prestar atención a esos pequeños cambios puede marcar una gran diferencia en la calidad de vida.


