Un estudio liderado por el Hospital del Mar, en España, en colaboración con universidades de Brasil, la universidad Ludwig Maximilian Universidad de Munich, Kings College London, IDIBAPS y la UPF de Barcelona, constata que numerosas enfermedades físicas en la etapa adulta están relacionadas con experiencias adversas en la infancia, conocidas como traumas infantiles. En concreto, se ha analizado 250 estudios y la conclusión es que existen relaciones directas -no causales- con la cefalea, el síndrome del intestino irritable, la diabetes y la enfermedad cardiovascular.
Este metaanálisis -publicado en una revista del grupo Lancet, eclinicalmedicine -, advierte que las experiencias adversas en la infancia «son factores de riesgo significativos para las enfermedades médicas no mentales en la edad adulta, lo que subraya la importancia de la intervención y la prevención tempranas en grupos vulnerables». Profesionales como Amann subrayan a menudo que es clave poder aplicar políticas preventivas en edades tempranas para evitar estas vivencias estresantes, porque, según añade esta investigación «tienen impactos duraderos en la salud física».
El paso que estaba pendiente
Benedikt Amann, psiquiatra del Hospital del Mar, y autor senior del estudio, subraya que este estudio es «revolucionario» porque tras haberse hallado numerosas relaciones entre el trauma infantil y los problemas psicosociales y de salud mental en la edad adulta, ahora los datos corroboran una relación entre estos acontecimientos en edades tempranas y enfermedades somáticas, físicas.
«Hablamos de un riesgo bastante alto a nivel somático y en mi opinión esto es innovador porque añade la información de que no solo tiene consecuencias sociales graves en la edad adulta -prostitución, paro, conductas delictivas- y de trastornos mentales, sino que añadimos esto que faltaba: toda la evidencia que hay en datos retrospectivos y prospectivos sobre el daño hacia la salud somática». «Es una asociación, no podemos hablar de causalidad directa porque pasan muchos años, pero es una asociación fuerte», añade Amann.
En concreto, al estudiar información de 6 millones de personas, la relación más fuerte entre estos traumas infantiles y los problemas de salud física se ha hallado en la cefalea, síndrome del intestino irritable, diabetes y enfermedad cardiovascular. Los estudios prospectivos también implicaron a estas experiencias infantiles con trastornos endocrinos y metabólicos. En el estudio se lee que el abuso infantil está relacionado con un mayor riesgo de enfermedades metabólicas y cardiovasculares. Y se sugiere que estas experiencias adversas se pueden asociar con mayores tasas de morbilidad y mortalidad por enfermedades crónicas.
¿Por qué?
Los investigadores explican que todavía no se puede responder al porqué de esta vinculación entre trauma infantil y enfermedad física. Los traumas afectan al terreno psicológico y social de cada persona, es decir, a los estilos de vida, y los hábitos. Eso, apuntan los investigadores, «puede conducir a conductas adversas para la salud, como una dieta deficiente, menor actividad física, tabaquismo y consumo excesivo de alcohol, conocidos como factores modificables para prevenir complicaciones metabólicas».
Cabe recordar también, apuntan los analistas, que los problemas de salud mental también influyen en la salud física a largo plazo, «lo que subraya la necesidad de evaluar la salud mental en la atención primaria».
Para responder al porqué también se debe tener en cuenta que factores biológicos como alternaciones en el sistema nervioso, en la función plaquetaria, o cuestiones neurohormonales o genéticos también pueden influir y «acelerar la aparición de enfermedades físicas».
También brecha de género
En este estudio se constata que las mujeres tienen más propensión a tener enfermedades físicas si han sufrido traumas infantiles. De hecho las mujeres tienen más posibilidades de sufrir un trauma en estas edades dado que «afrontan una mayor vulnerabilidad social, con una exposición más elevada a entornos propicios para la violencia y el trauma durante la infancia».
Un fenómeno común
La exposición a experiencias adversas durante la infancia es común, afecta aproximadamente al 60% de la población adulta y constituye un potente predictor de problemas de psicopatología, según indica esta investigación, si bien «aunque hay evidencia sólida que vincula las experiencias adversas en la infancia (ACE, en sus siglas en inglés) con los trastornos mentales, y los trastornos mentales con las enfermedades médicas no mentales, todavía falta una síntesis exhaustiva que aborde directamente la relación entre las ACE y los resultados en salud física».
*Con información de El Periódico.


