La psicóloga Elizabeth Clapés explica por qué algunas personas manipuladoras resultan difíciles de identificar y qué hacer para ayudar a quienes están atrapados en relaciones dañinas.
Lo que muchas personas describen como una relación “tóxica” podría, en algunos casos, esconder conductas mucho más complejas y perjudiciales. Esa es la advertencia que hace la psicóloga española Elizabeth Clapés, quien asegura que ciertos comportamientos manipuladores suelen confundirse con simples problemas de personalidad cuando en realidad pueden responder a patrones más graves.
La especialista señala que existe una tendencia a utilizar el término “tóxico” para referirse a cualquier vínculo conflictivo, ya sea una pareja, una amistad o incluso una relación familiar. Sin embargo, considera que esta generalización puede impedir identificar situaciones de manipulación emocional más severas.
Clapés explica que es importante diferenciar entre rasgos narcisistas, trastornos de personalidad y la psicopatía. Según detalla, una persona puede presentar características narcisistas sin que ello represente necesariamente un trastorno clínico. El problema surge cuando esas conductas afectan de forma constante sus relaciones personales y generan daño en quienes la rodean.
En el caso de la psicopatía, la experta sostiene que la principal diferencia radica en la ausencia de empatía emocional y en la capacidad de causar daño sin experimentar culpa o remordimiento. A su juicio, estas personas suelen perseguir objetivos de control, poder o beneficio personal, utilizando a otros como instrumentos para conseguirlos.
Uno de los aspectos que más dificulta reconocer estas conductas es la habilidad que tienen algunas personas para adaptarse a su entorno. De acuerdo con la psicóloga, suelen proyectar una imagen agradable, comprensiva y cercana, lo que les permite ganarse rápidamente la confianza de quienes las rodean.
Incluso pueden modificar sus gustos, intereses o formas de actuar para parecer compatibles con la persona que desean conquistar o influenciar. Esta capacidad de adaptación hace que muchas víctimas no perciban las señales de alerta hasta que la relación ya está profundamente consolidada.
La especialista también advierte sobre los errores que suelen cometer familiares y amigos al intentar ayudar a alguien que se encuentra en una relación manipuladora. Según explica, confrontar directamente a la persona afectada con acusaciones o calificativos suele generar el efecto contrario al esperado.
En lugar de provocar una reflexión inmediata, este tipo de intervenciones puede hacer que la víctima se aleje de quienes intentan apoyarla y permanezca más tiempo dentro de la relación dañina.
Por ello, recomienda actuar con paciencia, empatía y acompañamiento constante, respetando los tiempos de cada persona para comprender su situación y tomar decisiones. Desde su experiencia profesional, considera más efectivo ofrecer apoyo emocional y convertirse en un espacio seguro al que la persona pueda acudir cuando decida poner fin al vínculo.
No obstante, Clapés subraya que existe una excepción importante: cuando la integridad física o la vida de alguien corre peligro. En esos casos, afirma que es fundamental actuar de inmediato, buscar ayuda profesional y recurrir a las autoridades o servicios de emergencia si la situación lo requiere.
Para la psicóloga, comprender cómo operan las dinámicas de manipulación emocional no solo ayuda a detectar relaciones perjudiciales, sino también a brindar apoyo de manera adecuada a quienes atraviesan este tipo de experiencias.


