martes, 16 junio 2026
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Un joven de 20 años sobrevivió cuando nadie lo esperaba y su relato sobre lo que vivió en ese tiempo tiene a millones hablando

Joven estadounidense asegura haber visto a Jesucristo durante los 18 días que estuvo en coma

Un paseo en monopatín que pudo terminar en tragedia se convirtió, según él mismo narra, en una experiencia que lo marcó para siempre. Gabe Poirot, un muchacho de 20 años de Estados Unidos, pasó 18 días inconsciente en un hospital después de sufrir un golpe brutal en la cabeza, y al despertar contó algo que desde entonces no ha parado de circular por todo internet: dice haber estado frente a Jesucristo en un lugar lleno de una luz que describe como imposible de comparar con cualquier cosa de este mundo.

Su historia la compartió en un pódcast de gran audiencia y en cuestión de horas se regó como pólvora en redes sociales, generando todo tipo de reacciones entre creyentes, escépticos y personas simplemente curiosas.

El accidente que lo dejó al borde de la muerte

Todo ocurrió cuando Gabe bajaba una colina a alta velocidad sobre su monopatín. En algún momento perdió el control, salió disparado y su cabeza golpeó directamente contra el filo de un bordillo. No llevaba casco. El impacto le provocó un daño cerebral severo que obligó a llevarlo de urgencia a un centro médico, donde los médicos desde el primer día advirtieron que su situación era crítica y que su recuperación era incierta.

Durante más de dos semanas, familiares y amigos se reunieron a su alrededor en el hospital para acompañarlo y orar. Nadie sabía si iba a despertar, ni en qué condiciones lo haría si llegaba a hacerlo. Pero Gabe despertó, y lo que tenía para contar dejó a todos sin palabras.

Una ciudad de luz y una figura que lo cambió todo

Según relató en entrevista con la activista y comunicadora Lila Rose, durante el tiempo que estuvo inconsciente experimentó algo que él no duda en calificar como real. Dice haber llegado a una ciudad completamente bañada en luz, una luminosidad que según sus palabras no existe en ningún rincón de este planeta. Y en el centro de ese lugar, asegura, estaba Jesús.

Lo describió como un hombre de rasgos del Medio Oriente, con el cabello levemente rizado, con una presencia que él califica de eterna. Dijo que ningún cuadro, ninguna escultura, ninguna imagen religiosa que haya visto antes o después se acerca siquiera a lo que asegura haber contemplado en ese estado. Y agregó algo que resonó con fuerza entre quienes lo escucharon: que ese encuentro lo transformó por completo, que salió de esa experiencia siendo una persona distinta.

Lo que dice la ciencia sobre estos relatos

Las experiencias cercanas a la muerte llevan décadas siendo estudiadas por investigadores de distintas partes del mundo. Desde el campo de la neurociencia se ha planteado que cuando el cerebro pierde oxígeno de manera abrupta, puede generar sensaciones muy vívidas como la percepción de un túnel con luz al final, la sensación de flotar sobre el propio cuerpo o encontrarse con figuras conocidas o desconocidas. Investigaciones realizadas en universidades europeas y norteamericanas apuntan a que estos fenómenos son respuestas biológicas del cerebro bajo condiciones extremas, no ventanas a otra dimensión.

Sin embargo, quienes los han vivido insisten en que ninguna explicación médica logra capturar la profundidad de lo que experimentaron. Para ellos, no es un asunto de química cerebral. Es algo que les ocurrió de verdad.

Una historia que toca fibras muy costarricenses

En un país como Costa Rica, donde la fe católica y las creencias espirituales forman parte del tejido cotidiano de muchas familias, testimonios como el de Gabe Poirot encuentran un terreno fértil. No es la primera persona en contar algo así y con toda seguridad no será la última, pero hay algo en la naturalidad con que este joven describe lo que vivió, en los detalles concretos que ofrece y en la transformación evidente que tuvo después, que hace que su historia sea difícil de ignorar.

Lo que cada quien decida creer es cosa propia. Pero lo que no tiene discusión es que Gabe entró en coma siendo un joven de 20 años sin casco sobre un monopatín, y salió del hospital convertido en alguien que dice haber tocado el otro lado y haber regresado con una certeza que ningún médico le puede quitar.

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