NOAA alerta sobre el Superniño más intenso en 150 años; Costa Rica tendría menos lluvia
San José — Los modelos climáticos de la NOAA asignan un 96% de probabilidad de que el Superniño esté activo hacia finales de 2026. Las proyecciones del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio (ECMWF) indican que el fenómeno podría alcanzar su punto máximo entre octubre de 2026 y enero de 2027, con anomalías de hasta +3,1°C en noviembre
De cumplirse ese escenario, el evento de 2026 no solo superaría los registros de las últimas décadas, sino que podría rivalizar con el superniño de 1877-1878, el más devastador del que existe constancia histórica.
Qué es el Superniño y por qué este es diferente
Un Superniño se define cuando la temperatura superficial en la región Niño 3.4 del Pacífico central supera en al menos 1,5-2°C la media histórica durante varios meses seguidos. Este tipo de episodios son relativamente infrecuentes: solo unas pocas veces desde mediados del siglo XX el Pacífico se calentó tanto, como en 1982-83, 1997-98 y 2015-16.
Lo que hace diferente al episodio de 2026 es el punto de partida. El planeta ya aumentó 1,46°C respecto a los niveles preindustriales, lo que significa que El Niño llegará a un océano de base más caliente que en cualquier episodio previo.
El impacto en Costa Rica
Para Costa Rica, el IMN ya proyecta que la temporada lluviosa de 2026 registrará entre un 10% y un 30% menos de precipitaciones de lo normal, déficit que se atribuye directamente a la influencia de El Niño. La misma causa reduciría la actividad de huracanes en el Atlántico: de cumplirse este pronóstico, el Superniño impulsará la formación de huracanes en el Pacífico oriental y central, mientras frenará el desarrollo de sistemas en el Atlántico y el Caribe.
Una advertencia sobre el término
El investigador Tim Stockdale, del propio ECMWF, ha pedido cautela con el término «Superniño»: recuerda que es una etiqueta mediática más que una categoría técnica oficial y que, aunque los modelos convergen en un evento intenso, la magnitud final no podrá calibrarse con fiabilidad hasta que avance el verano
El 1877 que no debe repetirse
Los investigadores que estudian el episodio de 1877 subrayan que no fue El Niño en sí el responsable de las muertes que siguieron, sino la incapacidad o negativa de los sistemas políticos del momento para proteger a las poblaciones vulnerables. La capacidad de predicción y respuesta ha cambiado radicalmente desde entonces. Los sistemas de alerta temprana, la cobertura meteorológica regional y la gestión de riesgos son hoy las herramientas que marcan la diferencia entre un fenómeno climático extremo y una catástrofe


