miércoles, 3 junio 2026
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Brasil apuesta por mosquitos modificados para frenar el dengue, pero enfrenta nuevos obstáculos

La estrategia de los “mosquitos buenos” reduce contagios de dengue en Brasil, aunque expertos advierten límites

El avance del dengue en América Latina obligó a Brasil a apostar por una estrategia poco convencional: criar millones de mosquitos alterados con una bacteria capaz de bloquear la transmisión del virus. Los resultados han sido positivos en varias ciudades, pero científicos y autoridades reconocen que todavía existen barreras importantes para expandir el modelo a todo el país.

La iniciativa se desarrolla en Curitiba, al sur de Brasil, donde opera una de las mayores biofábricas de mosquitos del mundo. Ahí, especialistas producen ejemplares del mosquito Aedes aegypti inoculados con Wolbachia, una bacteria que impide que el insecto transmita enfermedades como dengue, zika y chikunguña.

El proyecto es liderado por el reconocido entomólogo brasileño Luciano Moreira, quien asegura que la tecnología ya demostró efectos importantes en zonas urbanas donde fue aplicada. Según explicó, cuando estos mosquitos son liberados en comunidades, comienzan a reproducirse y poco a poco sustituyen a las poblaciones tradicionales que sí transmiten el virus.

La estrategia ha sido utilizada en al menos 15 países, aunque Brasil concentra uno de los despliegues más ambiciosos debido a la magnitud de la crisis sanitaria que enfrenta cada año durante las temporadas lluviosas.

En ciudades como Niterói y Campo Grande, estudios científicos registraron reducciones significativas en los casos de dengue luego de implementar el método. En algunos sectores, las disminuciones superaron incluso el 80%.

Sin embargo, los especialistas aclaran que la técnica no representa una solución definitiva ni inmediata. Moreira explicó que los resultados pueden tardar hasta dos años en consolidarse y que el sistema funciona como complemento de otras medidas sanitarias, entre ellas las campañas de vacunación y la eliminación de criaderos.

Uno de los principales problemas es que el dengue continúa expandiéndose más rápido que las capacidades logísticas para distribuir los llamados “wolbitos”, nombre popular que reciben estos mosquitos modificados.

El cambio climático también se convirtió en un factor determinante. Regiones del sur brasileño donde antes prácticamente no existían brotes ahora registran casos frecuentes debido al aumento de temperaturas y variaciones en los patrones de lluvia.

Brasil fue uno de los países más golpeados por el dengue en los últimos años. Solo en 2024, la nación sudamericana reportó miles de fallecimientos asociados a la enfermedad y millones de contagios, lo que presionó al gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva a reforzar las estrategias de control epidemiológico.

A pesar de que el Ministerio de Salud brasileño reconoció oficialmente el método Wolbachia como herramienta de salud pública, la expansión nacional avanza lentamente por razones financieras, técnicas y administrativas.

La biofábrica instalada en Curitiba tiene capacidad para producir cerca de 100 millones de huevos por semana, los cuales son enviados a distintos municipios para su liberación controlada. Aun así, la demanda gubernamental no siempre logra mantener el ritmo de producción.

Expertos en salud pública señalan además que la implementación enfrenta dificultades adicionales en algunas ciudades brasileñas. En sectores de Rio de Janeiro, por ejemplo, el uso excesivo de larvicidas terminó afectando a los propios mosquitos modificados, reduciendo el impacto esperado del programa.

La inseguridad y la presencia del crimen organizado en ciertas favelas también complican el ingreso de equipos sanitarios encargados de liberar los insectos y monitorear resultados.

La bacteria Wolbachia no es nueva en el mundo científico. Investigadores australianos identificaron hace casi dos décadas que este microorganismo, presente naturalmente en otros insectos, podía bloquear el desarrollo de virus dentro del mosquito transmisor.

Desde entonces, distintos países comenzaron a experimentar con el sistema como una alternativa frente al crecimiento del dengue, enfermedad que también preocupa cada vez más en Centroamérica y otras regiones tropicales.

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