San José — La Policía de Control de Drogas desarticuló este martes una estructura de narcotráfico en el sur de San José dirigida por una mujer de 27 años de apellido Oses, quien según la investigación era la cabeza de una narcofamilia conformada por su pareja sentimental de 26 años de apellido Arrieta —quien fungía como subalterno— y otros familiares distribuidos en al menos nueve puntos de venta de drogas en la capital.
Los allanamientos se ejecutaron simultáneamente en urbanización Los Geranios, San Sebastián, barrio La Cruz, barrio Lomas de Ocloro, barrio Güell y Paso Ancho. Al cierre del operativo, había cinco personas detenidas y las autoridades seguían la pista de otras 14.
Droga frente a las escuelas
Uno de los detalles más perturbadores del caso es la ubicación deliberada de varios puntos de venta. Según la PCD, algunos estaban ubicados directamente frente a escuelas y colegios del distrito Catedral, en el corazón de San José. Los vendedores intentaban atraer a los estudiantes para acercarlos al consumo de marihuana y cocaína.
La estrategia de instalar puntos de venta cerca de centros educativos no es casual: los jóvenes representan un mercado en expansión para las organizaciones de microtráfico, y la cercanía a las instituciones permite el contacto con posibles consumidores en un entorno donde la supervisión adulta suele ser menor al inicio y cierre de clases.
Tres muertos previos por control del territorio
La organización ya había pagado un precio por su control del territorio. Meses antes del operativo de este martes, al menos tres miembros de esta misma red fueron asesinados en Paso Ancho, en disputas por el control de los puntos de venta en el sur de la capital. Los crímenes, que en su momento fueron investigados como homicidios aislados, ahora quedan contextualizados dentro de una guerra territorial que la organización liderada por Oses sostuvo contra grupos rivales.
Una estructura familiar de narco
El modelo de la narcofamilia —donde el liderazgo y la operación del negocio recaen en personas con vínculos de sangre o sentimentales— es uno de los más difíciles de penetrar para las autoridades, precisamente porque la lealtad entre sus miembros es más difícil de romper que en estructuras criminales de otra naturaleza. Que una mujer de 27 años sea identificada como la cabeza visible de la organización también refleja un cambio en los patrones del microtráfico en Costa Rica, donde las mujeres ocupan cada vez más roles de liderazgo en estructuras delictivas.


