miércoles, 17 junio 2026
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¿Cenás muy tarde? La ciencia explica cómo eso podría influir en el hígado graso

Los horarios de comida, especialmente en la noche, se relacionan con cambios metabólicos que podrían aumentar el riesgo de acumulación de grasa en el hígado y otras complicaciones de salud
La costumbre de cenar tarde o concentrar la mayor parte de la alimentación al final del día está bajo la lupa de la ciencia. En los últimos años, distintas investigaciones han encontrado una relación entre estos hábitos y el desarrollo de problemas metabólicos, entre ellos la enfermedad conocida como MASLD, asociada a la acumulación de grasa en el hígado.

Organismos como los National Institutes of Health han analizado cómo los horarios de alimentación interactúan con los ritmos naturales del cuerpo. Estos ciclos, conocidos como ritmos circadianos, regulan funciones clave como el metabolismo, el sueño y la respuesta hormonal. Alterarlos, por ejemplo, comiendo en horas en que el organismo debería estar en reposo, puede generar efectos negativos.

Durante la noche, el hígado reduce su actividad relacionada con el procesamiento de nutrientes y prioriza funciones de reparación. En ese contexto, consumir comidas abundantes o ricas en grasas y azúcares puede provocar una menor eficiencia en el uso de la glucosa y un aumento en la producción de lípidos. Esto favorece la acumulación de triglicéridos tanto en el hígado como en la zona abdominal.

Además, la sensibilidad a la insulina —la hormona que regula el azúcar en sangre— disminuye conforme avanza el día. Esto significa que el cuerpo procesa peor los alimentos en la noche que en la mañana. A esto se suma la acción de la melatonina, la hormona del sueño, que puede interferir con la forma en que el organismo maneja la glucosa cuando se come tarde.

Especialistas también advierten que no se trata únicamente de qué se come, sino de cuándo se come. Saltarse tiempos importantes como el desayuno o el almuerzo puede llevar a un exceso de consumo en la noche, alterando el equilibrio energético del cuerpo. Este patrón ha sido vinculado con mayor riesgo de resistencia a la insulina y desarrollo de hígado graso, incluso en personas con peso normal.

En Costa Rica, donde los horarios laborales y académicos muchas veces empujan a cenar tarde, este tema cobra especial relevancia. Trabajadores nocturnos o personas con rutinas irregulares figuran entre los grupos más expuestos, debido a la constante alteración de sus ciclos biológicos.

Frente a este panorama, los expertos coinciden en que pequeños ajustes pueden marcar una diferencia importante. Entre las principales recomendaciones destacan distribuir mejor las comidas a lo largo del día, priorizar desayunos y almuerzos más completos, cenar más temprano y optar por alimentos ligeros en la noche. También se aconseja evitar largos periodos sin comer que terminen en excesos al final del día.

El mensaje es claro: mantener horarios de alimentación regulares y alineados con el reloj biológico no solo mejora la digestión, sino que también puede ser una estrategia clave para prevenir enfermedades metabólicas y cuidar la salud del hígado a largo plazo.

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