El periodo constitucional 2022-2026 de la Asamblea Legislativa de Costa Rica pasará a la historia, pero no precisamente por su eficiencia de última hora. En un cierre que ha desatado la indignación de los sectores productivos y la ciudadanía, los diputados salientes decidieron apagar las luces antes de tiempo, dejando a la deriva más de 20 proyectos de ley de vital importancia para el rumbo del país.
El ausentismo fue el gran protagonista de estas jornadas de clausura. La incapacidad crónica para reunir a los 38 legisladores mínimos exigidos para conformar el quórum de ley en el Plenario, reventó las sesiones definitivas y bloqueó cualquier posibilidad de discutir, negociar o someter a votación las iniciativas que estaban en la recta final.
Análisis Político: El descarrilamiento del Tren Eléctrico
Desde la perspectiva del desarrollo y la modernización estatal, el daño colateral más grave de esta inoperancia legislativa es el estancamiento del crédito internacional para financiar el tren eléctrico.
Este megaproyecto de movilidad urbana, concebido como el salvavidas definitivo para descongestionar el colapsado Gran Área Metropolitana (GAM), requería la aprobación urgente de su músculo financiero. Al no votarse, el país no solo pierde un tiempo valiosísimo en los plazos de ejecución del prestamista internacional, sino que prolonga la condena de miles de costarricenses a seguir desperdiciando horas de su vida en las presas diarias. Dejar caer un expediente de esta magnitud por el simple hecho de no presentarse a trabajar, es interpretado por los analistas como un grave acto de negligencia política.
El «perdón» de Rodrigo Arias y el cálculo de fin de periodo
El bochornoso espectáculo de las sillas vacías obligó a la máxima autoridad del Congreso a dar la cara. En un tono de evidente derrota y frustración, el presidente de la Asamblea Legislativa, Rodrigo Arias, emitió una declaración que resume el desastre del cierre: «Le pido perdón al pueblo de Costa Rica».
Pero, ¿por qué desaparecieron los legisladores? En la dinámica de Cuesta de Moras, el final de un cuatrienio suele estar marcado por el cálculo político y el desinterés. Muchos diputados salientes, al no tener la posibilidad de reelección inmediata y encontrarse ya empacando sus oficinas, optan por «zafar el bulto» para no asumir el costo político de votar proyectos impopulares o complejos en sus últimas horas de gestión, priorizando sus agendas personales sobre el deber constitucional.
La papa caliente para el mes de mayo
El vacío de poder que deja esta Asamblea saliente se convertirá en una pesadilla logística para los nuevos inquilinos que asumirán sus curules este 1 de mayo.
Las nuevas bancadas no tendrán la clásica «luna de miel» para acomodarse. Llegarán a toparse de frente con un embudo legislativo monumental. El reto para los diputados entrantes será titánico: tendrán que desenterrar estos expedientes rezagados, empaparse de temas técnicos sumamente complejos (como los términos financieros del tren) y decidir si rescatan estas iniciativas o si las entierran definitivamente para imponer sus propias promesas de campaña.
Por ahora, el pueblo de Costa Rica recibe las disculpas, pero es el país entero el que termina pagando el altísimo costo económico y social del ausentismo.


