El Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) lanzó una advertencia clara sobre la transparencia en las finanzas electorales. Esta vez, el turno le tocó al segundo vicepresidente de la República electo, Douglas Soto Campos, a quien el ente electoral le exigió demostrar de dónde sacó el dinero para realizar aportes millonarios a la campaña del Partido Pueblo Soberano (PPSO).
Según reveló AmeliaRueda.com, la solicitud se hizo formalmente mediante el oficio DFPP-0138-2026, luego de detectar compras de bonos que suman una cifra considerable.
El rastro del dinero comenzó en noviembre pasado, cuando Soto compró sus primeros certificados por ¢6,8 millones. Pero la cosa no quedó ahí: en enero volvió a la carga y adquirió 12 bonos más, sumando otros ¢10,2 millones. En total, el segundo vicepresidente electo le metió ¢17 millones a la agrupación política a través de estos bonos de «categoría A», los cuales compró con un descuento del 15%. Esta inversión es la que ahora lo obliga a sentarse con el TSE para probar que tiene la solvencia económica necesaria para realizar semejantes movimientos.
Al ser consultado por AmeliaRueda.com, Soto no evadió el tema y aseguró que ya está trabajando en su respuesta. «Confirmo que ya fui notificado, de inmediato me puse a la orden del TSE. El traslado de información solicitado la enviaré en el plazo que establece el propio TSE», manifestó el político. Sin embargo, no es el único en esta situación; el reporte indica que ya son 44 personas vinculadas al partido oficialista las que están bajo investigación, siendo esta la agrupación con más procesos abiertos por el origen de sus fondos, los cuales superan los ¢790 millones.
Ronald Chacón, jefe de Financiamiento de Partidos Políticos del TSE, explicó que estos controles buscan que todo el dinero que se usa en política sea transparente y tenga un rastro claro. Para cumplir con esta tarea, el Tribunal tiene el poder de revisar datos en el banco y hasta en Tributación. Si alguien donó o compró bonos, debe estar listo para demostrar que el dinero es legítimo, una regla que, como vemos, no perdona ni a los más altos jerarcas recién electos.


