La imagen lo decía todo antes incluso del pitazo final. En las graderías del Estadio Ricardo Saprissa Aymá, una manta gigante simulando la portada de un periódico proclamaba: “Saprissa gana la 31 y es el rey de copas”. A su lado, otros mensajes reforzaban la narrativa: récords en clásicos y supremacía histórica. La afición morada no solo fue a ver un partido; fue a reafirmar identidad.

Y en la cancha, el equipo respondió.
El Deportivo Saprissa derrotó 2-1 a la Liga Deportiva Alajuelense en un Clásico Nacional que tuvo de todo: intensidad, reacción rojinegra y un cierre cargado de drama.
Un arranque que marcó el ritmo
Desde el primer suspiro del juego, Saprissa dejó claro que no iba a esperar. Apenas al minuto 6, Luis Javier Paradela aprovechó un espacio y definió con contundencia para adelantar a los tibaseños. El gol tempranero movió el libreto: la Liga tuvo que adelantar líneas y asumir riesgos antes de lo previsto.
El ambiente en Tibás era una caldera. Cada recuperación morada se celebraba como un gol y cada avance manudo se vivía con tensión pura.
La reacción rojinegra
Alajuelense no bajó los brazos. Al minuto 34, Ronaldo Cisneros encontró el momento justo para empatar el compromiso. El 1-1 le devolvió el pulso al partido y silenció por instantes la euforia morada.
Con el marcador igualado, el encuentro entró en una fase más táctica. Los técnicos ajustaron piezas, reforzaron mediocampo y buscaron el error ajeno. Se jugaba con el corazón, pero también con cálculo.
El golpe final
Cuando todo apuntaba a un empate que sabía a poco para ambos, apareció Ariel Rodríguez al 82’. En una jugada determinante, el delantero firmó el 2-1 definitivo y desató la locura en las graderías.
El cierre fue de dientes apretados. La Liga empujó con más ímpetu que claridad, mientras Saprissa cerró filas y defendió la ventaja con orden y oficio. El silbatazo final confirmó la fiesta morada.
Más que tres puntos
En un campeonato largo, cada victoria suma. Pero en el Clásico, el peso es distinto. Saprissa no solo gana unidades en la tabla; refuerza su discurso histórico, ese que la afición exhibió en enormes pancartas recordando títulos y supremacía en enfrentamientos directos.
Para Alajuelense, la derrota obliga a revisar detalles: concentración en los primeros minutos, contundencia en momentos clave y manejo emocional en partidos de alta presión.
El Clásico Nacional volvió a demostrar por qué detiene al país. Esta vez, la historia se escribió en morado, con una gradería que convirtió el estadio en portada y un equipo que respaldó el mensaje con fútbol.


