«Costó más de 140 años, una pandemia y millones de euros, pero la obra maestra de Antoni Gaudí por fin instaló su cruz monumental. Eso sí, el sueño de terminarla por completo desató una guerra habitacional que tiene a la ciudad de cabeza.»
Si usted es de los ticos que tiene a España en su lista de destinos soñados, o si ya tuvo el privilegio de caminar por las calles catalanas, sabe que la Sagrada Familia es el corazón indiscutible de Barcelona. Este viernes, ese corazón latió más alto que nunca.
Con la precisión de un relojero y la ayuda de una gigantesca grúa amarilla, los ingenieros lograron instalar la última pieza de la monumental cruz blanca (de 17 metros de alto) sobre la torre de Jesucristo. Con esta maniobra de infarto, que obligó a los trabajadores a colgarse de arneses a alturas de vértigo ante la mirada atónita de cientos de turistas, el edificio alcanzó los 172,5 metros de altura.
Este hito arquitectónico no es solo visual; estadísticamente, la joya de Antoni Gaudí acaba de destronar al templo de Ulm (Alemania) para convertirse oficialmente en la iglesia más alta del mundo.
El límite divino: ¿Por qué no la hicieron más alta?
Cualquiera pensaría que, tras 140 años de construcción, los encargados habrían querido romper la marca por mucho más margen. Sin embargo, la altura de 172,5 metros es un tributo a la profunda fe católica de su creador.
Antoni Gaudí dejó instrucciones estrictas antes de morir: su obra maestra hecha por el hombre jamás debía sobrepasar a la «obra de Dios». Por eso, la torre central se quedó estratégicamente unos metros por debajo de los 177 metros que mide la icónica montaña de Montjuic, que domina la geografía barcelonesa.
Junio 2026: La cita del siglo y la duda del Papa
Los andamios que hoy rodean la torre irán desapareciendo poco a poco durante los próximos meses. La fecha marcada en rojo en el calendario de la junta constructora es el 10 de junio de este 2026, día en que se conmemora el centenario de la muerte de Gaudí.
Para esa jornada se planea una bendición histórica de la torre y se giró una invitación formal al papa León XIV. Aunque el Vaticano no ha confirmado su vuelo hacia Cataluña, la expectativa mundial es máxima.
El Análisis: Turismo de oro vs. Desalojos
Pero no todo es incienso y celebraciones. La Sagrada Familia es una máquina de hacer dinero (vendió 4,8 millones de entradas solo en 2024), y esa inyección de capital turístico es la única gasolina que financia la obra. El problema es que el plan original chocó contra la cruda realidad del urbanismo moderno.
El pleito por la Fachada de la Gloria: Para terminar el templo tal y como Gaudí lo dibujó, hace falta construir la entrada principal, conocida como la fachada de la Gloria. El diseño exige una gigantesca escalinata y una plaza monumental. ¿Cuál es el inconveniente? Que para hacer esa plaza, hay que demoler varios edificios de apartamentos colindantes.
En una ciudad que actualmente atraviesa una crisis brutal por el costo de la vivienda, la idea de expropiar y demoler casas para hacerle campo a las escaleras de una iglesia ha desatado la furia de los vecinos. El Ayuntamiento de Barcelona ya intervino como mediador, advirtiendo que no aprobará el derribo si no se les garantiza una solución habitacional real a las familias afectadas.
Tras el atraso que generó la pandemia (la meta original era entregar el edificio 100% terminado este 2026), los constructores prefieren no dar fechas falsas, calculando que, si los turistas siguen llegando y el pleito vecinal se resuelve, la obra total podría ver la luz en aproximadamente una década.


