Lo que comenzó como una molestia en la espalda terminó en una tragedia que hoy sacude a una familia y reaviva las alertas médicas sobre el uso del cigarrillo electrónico. Juan Manuel Parra, un joven deportista de 19 años, falleció en junio de 2025 tras sufrir una grave complicación pulmonar que, según sus padres, estuvo relacionada con el consumo de vapeadores desde la adolescencia.
El caso ha vuelto a poner sobre la mesa una discusión que también preocupa en Costa Rica: la creciente popularidad del vapeo entre adolescentes y jóvenes que lo perciben como una alternativa “menos dañina” que el cigarrillo tradicional.
De atleta promesa a paciente crítico
Juan Manuel practicaba lucha olímpica desde la infancia. Pese a haber nacido con asma, el deporte fortaleció su capacidad pulmonar al punto de que dejó de usar inhalador. Su desempeño lo proyectaba como una de las jóvenes promesas en su disciplina.
Sin embargo, meses antes de su fallecimiento comenzó a experimentar dolor persistente y fatiga inusual durante los entrenamientos. Tras varias consultas médicas en las que no se detectaron anomalías evidentes, finalmente un examen más profundo reveló la presencia de líquido en sus pulmones. El diagnóstico: edema pulmonar, una acumulación de líquido que impide el adecuado intercambio de oxígeno.
Su condición se deterioró rápidamente. Fue inducido a coma, intubado y conectado a ventilación mecánica. Dos días después sufrió un paro cardíaco que no pudo ser revertido.
Para su familia, no hay dudas de que el uso prolongado de vapeadores influyó en el daño pulmonar que terminó por costarle la vida.
¿Qué dicen los especialistas?
Médicos y científicos han insistido en que el vapeador no es inocuo. Aunque muchas campañas de mercadeo lo presentan como una opción “más segura”, diversos estudios han encontrado sustancias potencialmente cancerígenas y tóxicas en los líquidos que se inhalan.
Análisis de laboratorio han identificado compuestos como naftaleno, pireno, acrilamida y metales pesados como plomo y mercurio. Estas sustancias pueden generar inflamación pulmonar, daño celular, alteraciones neurológicas e incluso aumentar el riesgo de cáncer en la cavidad oral y el pulmón.
Neumólogos advierten que, aunque el vapeo no produce combustión como el cigarrillo convencional, sí expone al usuario a partículas ultrafinas que penetran profundamente en el sistema respiratorio. Además, el uso frecuente puede desencadenar cuadros agudos como la lesión pulmonar asociada al vapeo, una condición que ha sido reportada en distintos países.
Un fenómeno que preocupa a las autoridades
El atractivo de los sabores, los diseños llamativos y la percepción de bajo riesgo han disparado el consumo entre menores de edad. Autoridades de salud en varias ciudades latinoamericanas ya han empezado a restringir su uso en centros educativos y espacios públicos.
En Costa Rica, especialistas en salud pública han advertido que la regulación debe fortalecerse, especialmente en lo que respecta a publicidad y venta a menores. El Ministerio de Salud ha reiterado en distintas ocasiones que ningún dispositivo que implique inhalar sustancias químicas puede considerarse seguro.
La advertencia detrás de la tragedia
Más allá del dolor familiar, el caso de Juan Manuel se ha convertido en una llamada de atención. El vapeo puede parecer inofensivo, pero los riesgos a mediano y largo plazo siguen en estudio y cada vez aparecen más evidencias de efectos adversos.
Los médicos coinciden en que la prevención es clave. Conversar con los adolescentes, informarse adecuadamente y no subestimar el impacto de estos dispositivos puede marcar la diferencia.
Lo que para muchos inicia como una moda o una forma de “manejar el estrés”, podría terminar en consecuencias irreversibles. La discusión ya no gira solo en torno a si el vapeador es menos dañino que el cigarrillo tradicional, sino en reconocer que también conlleva riesgos serios para la salud.


