«Se calentó la plaza»: Las autoridades confirman que los ataques no son aislados, sino parte de una pugna mortal por el control de drogas entre tres estructuras criminales que tienen en jaque a La Unión y el centro de la provincia.
La paz de las brumas se ha disipado entre el olor a pólvora. La provincia de Cartago, históricamente ajena a los índices de violencia de Limón o Puntarenas, enfrenta hoy una realidad cruda: una guerra abierta entre narcotraficantes locales. El Organismo de Investigación Judicial (OIJ) ha confirmado este miércoles lo que era un secreto a voces en los barrios bajos: los recientes homicidios de alto impacto no son casualidad, sino batallas de una misma guerra.
El asesinato de Jeffry Araya, de 34 años, ejecutado fríamente mientras entrenaba en un gimnasio de San Nicolás la noche del lunes, y el posterior doble crimen cerca de Paseo Metrópoli (La Lima), son las últimas consecuencias de un reacomodo violento de poderes.
Los Protagonistas del Terror: ¿Quiénes son?
Según el análisis de inteligencia policial, la disputa territorial tiene nombre y apellido. Michael Soto, director interino del OIJ, señaló a estructuras específicas que intentan monopolizar la venta de estupefacientes en el Cantón Central y La Unión.
Se tienen identificados tres bandos en conflicto:
-
La Banda de «Los Maruja»: Una organización que ha venido ganando fuerza y notoriedad en los reportes judiciales desde enero.
-
El Grupo de «El Gordo Julio»: Rivales directos, conocidos por su agresividad para defender «plazas».
-
La «Tercera Fuerza»: Una estructura emergente cuyo nombre se mantiene bajo reserva estricta para no entorpecer las investigaciones en curso, pero que estaría desafiando a los líderes tradicionales.
Análisis Criminal: Esta fragmentación del hampa cartaginesa sugiere que se rompió algún pacto de no agresión o que la captura de cabecillas anteriores dejó un vacío de poder que ahora se llena con plomo. La disputa ya no es solo por puntos de venta (búnkeres), sino por rutas de distribución interna.
La conexión Gimnasio – La Lima
Para los investigadores, la secuencia de eventos es clara.
-
El ataque al gimnasio: Fue un mensaje directo. Matar a Jeffry Araya en un lugar público y concurrido busca sembrar terror y demostrar impunidad.
-
La respuesta en La Lima: Horas después, el doble homicidio cerca del centro comercial más grande de la provincia se interpreta como una represalia inmediata o una ofensiva simultánea.
«Esta fuerte pugna se concentra en La Unión y Cartago centro, pero no descartamos que se extienda a otras comunidades como Paraíso o Oreamuno si no se interviene rápido», advirtió una fuente ligada al caso.
El riesgo para la ciudadanía
Lo más preocupante para los brumosos es el cambio en el modus operandi. Los sicarios, muchos de ellos jóvenes inexpertos reclutados por estas bandas (como se mencionó en reportes anteriores sobre la «torpeza» de los gatilleros), están atacando a cualquier hora y en cualquier lugar. Ya no esperan a la víctima en un callejón oscuro; entran a gimnasios, comercios o interceptan vehículos en vías principales como la Interamericana Sur.
Las autoridades mantienen operativos de saturación en los barrios conflictivos de San Nicolás y Tres Ríos, intentando frenar una escalada que amenaza con convertir a Cartago en la nueva zona roja del Valle Central.


