«La afición es muy irrespetuosa»: Tras la expulsión de su hijo ante San Carlos, el padre del delantero destapa la olla y cuestiona por qué la prensa y el estadio le perdonan todo a las «vacas sagradas».
El ambiente en el Deportivo Saprissa pasó de caldeado a hirviendo en cuestión de horas. La expulsión de Rachid Chirino el pasado domingo ante la Asociación Deportiva San Carlos no solo dejó al equipo con diez hombres, sino que detonó una bomba familiar que ha salpicado a la afición, a la prensa y hasta a los ídolos del club.
Carlos Chirino, padre del atacante morado, no aguantó más la presión que vive su hijo y decidió romper el silencio en los micrófonos de Tigo Sports. Sus declaraciones, lejos de ser una defensa tímida, fueron un ataque frontal contra lo que él considera una doble moral en el Ricardo Saprissa.
«Los quieren crucificar»: El reclamo generacional
Para don Carlos, el problema no es que se critique, sino a quién se critica. Según su visión, la grada morada tiene una memoria selectiva y un «linchamiento automático» reservado exclusivamente para los nuevos talentos, mientras que los veteranos gozan de inmunidad diplomática.
«La afición de Saprissa es muy irrespetuosa… Hay jugadores que son más viejos ahí que se equivocan y no pasa nada. Botan goles y no pasa nada. Los muchachos jóvenes apenas cometen un error y los quieren crucificar», disparó Chirino.
Análisis de Camerino: Este reclamo no es aislado. En las últimas semanas, figuras como Marvin Loría y Gerson Torres han sido el blanco de silbatinas feroces, mientras que errores defensivos de capitanes o líderes suelen pasar «por debajo de la mesa». La pregunta que lanza el padre es válida para la dirigencia: «¿A dónde va a estar la sangre joven del equipo?» si el ambiente es tóxico para su desarrollo.
El dardo a Mariano y la Prensa
Quizás la parte más polémica de la entrevista fue cuando Chirino padre decidió poner nombres y apellidos. Cuestionó directamente el papel de la prensa deportiva y la protección mediática que, a su juicio, tiene el capitán argentino.
«Yo no veo decir nunca nada sobre Mariano Torres, aunque es un gran jugador, pero nadie dice nada», reclamó, sugiriendo que los errores del ’20’ se maquillan, mientras que la sequía goleadora de su hijo se magnifica.
Insultos en la grada: «¿Sáquenlos, es una perra?»
La molestia familiar llegó al punto de ebullición al describir el vocabulario que baja desde las graderías de sombra y sur. Don Carlos fue gráfico al explicar cómo un error técnico se convierte en insulto personal dependiendo de la cédula del jugador.
«El gol de San Carlos llegó por el error de jugadores viejos, pero si eso lo cometen otros, entonces es: ‘Sáquenlos, es una perra'», sentenció, exponiendo la crudeza con la que se trata a los juveniles en Tibás.
Consecuencias en el Monstruo
Estas declaraciones llegan en el peor momento posible. Con el equipo buscando estabilidad en el torneo, abrir un frente de batalla entre las familias de los jugadores y la afición podría generar un cisma interno. La directiva y el cuerpo técnico, liderado por el estratega de turno, tendrán que gestionar esta «papa caliente»: ¿Cómo proteger a los jóvenes talentos sin enfrentarse a su propia hinchada, que exige resultados inmediatos y no procesos a largo plazo?


